China, el amigo de todos en Oriente Medio

(Publicado en Esglobal)

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Hace varias semanas, el presidente chino Xi Jinping recibía al rey Salmán de Arabia Saudí en Pekín, para, unos días después, acoger al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, que viajó a China con un séquito de ministros y empresarios. La escena recordaba un poco a la dinastía Tang, en el siglo VIII d.C., cuando los musulmanes y pueblos asiáticos se paseaban, comerciaban e incluso participaban de la vida de la corte imperial, una de las más cosmopolitas de la historia. Hay relación entre ambos asuntos. Durante los Tang, China consolidó su poder en Asia gracias a la Ruta de la Seda, que -desde hace unos años- el presidente Xi quiere resucitar a escala global, creando infraestructuras y rutas comerciales con todos los países de Eurasia. La influencia china llega hasta Oriente Medio, zona esencial para Pekín, el mayor consumidor de petróleo del mundo. Allí, el Gobierno chino ha conseguido -a través de equilibrios diplomáticos, inversiones millonarias y poder blando– llevarse bien con países tan enfrentados como Israel, Irán, Palestina, Arabia Saudí, Turquía, Siria o Líbano. También se ha presentado como el negociador imparcial y neutral -que respeta la soberanía de los países, no como el halcón estadounidense- al que se puede acudir para mediar en conflictos como la guerra de Siria o el enfrentamiento árabe-israelí. Todo esto, sin llamar demasiado la atención sobre los problemas que Pekín tiene con parte de los musulmanes de su país, en especial los de etnia uigur. El romance chino con los países de Oriente Medio es idílico por ser ésta la región más turbulenta del mundo. Y, por ese motivo, no hay muchas esperanzas de que dure demasiado.

Las sonrisas, los apretones de mano, los acuerdos, los turbantes, las kipás y los trajes a medida del Partido Comunista chino también estuvieron de moda hace un año, cuando el presidente Xi hizo una gira estelar por Oriente Medio, de la que salió reforzado como el amigo de todos. Con su visita reciente Netanyahu ha conseguido fuertes acuerdos en tecnología (Israel es uno de los países punteros en este sector y China quiere mover su economía de manufactura hacia el capitalismo digital) y el rey saudí acuerdos petroquímicos que ascienden a los 65.000 millones de dólares (y una fábrica china de drones de guerra en su país). En enero de 2016, Xi se paseó por Irán y Arabia Saudí, las dos potencias enfrentadas de la zona, vendiéndoles millones de dólares en armas a ambos, sin que ninguno de los dos le pusiera mala cara. También se acercó a Egipto, donde gobierna el general Al Sisi, experto en reprimir revueltas ciudadanas y ligar el crecimiento económico a un fuerte autoritarismo, un asunto en el que los chinos son expertos reconocidos mundialmente…

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Lectura de verano: “Un estado y medio”, sobre Israel-Palestina

“Un estado y medio” es un reportaje largo (poco más de cien páginas) de Jordi Pérez Colomé. Tiene puntos interesantes para conocer las dificultades para llegar a la paz, o a algo parecido. Está sólo en formato digital. Si os interesa, haced click en la imagen:

Como ya he dicho, el libro tiene varios puntos de interés. Ahí van algunos:

  • El problema que han generado los asentamientos israelíes en territorio palestino, y por qué sería tan difícil quitarlos.
  • Por qué la solución de crear dos estados (la que se había repetido y repetido en las negociaciones de paz) es cada vez más imposible.
  • Por qué hacer un solo estado tendría posibilidades de acabar en un apartheid (si fuera judío) o en la extinción del sionismo (si fuera árabe).
  • Cómo es la vida de los ultraortodoxos israelíes, y qué problemas genera esta comunidad.
  • La locura de ser palestino, ser refugiado y vivir en la zona C.
  • Dos opciones que muestran el poder de no hacer nada: para los israelíes, dejar que pase el tiempo para que los palestinos se acostumbren y acepten una situación excepcional como la mejor opción; para los palestinos, donde intentar hacer vida normal en el lugar de siempre es un modo de resistencia política.
  • Explicar el conflicto israelí-palestino sin hacer bandera, pero tampoco desde una imparcialidad repelente. Simplemente, volviendo a mostrar la obviedad de lo complejo del asunto, donde por cada solución aparecen diez barreras, y toda la dificultad cristaliza en un “conflicto perfecto”.

Notas israelí-palestinas

Estoy leyendo “Israel, el somni i la tragèdia” del historiador catalán Joan B. Culla. Es conocido por sus posturas de apoyo a Israel y el libro es una recopilación de 600 páginas desde los orígenes del sionismo en el siglo XIX hasta 2004. Después tengo pensado leer “Israel y Palestina, un siglo de conflicto” del politólogo Ferran Izquierdo (pro-palestino) y el reportaje largo del periodista Jordi Pérez Colomé “Un estado y medio”.

¿Por qué leo a un autor sionista?

Podría decir sin problemas que porque me da la gana. Pero veo un problema de fondo: el conflicto palestino-israelí es una lucha que genera bandos, pasiones y audiencia. Ya empezó en 1967: la URSS apoyó a los árabes y EEUU a Israel en la Guerra de los Seis Días. Desde entonces, la izquierda suele ser pro-palestina y la derecha pro-israelí, aunque siempre hay casos raros. Antes de eso, parte de la izquierda mundial simpatizaba con el socialismo de kibbutz y el símbolo antifascista de los retornados de Auschwitz.

No se trata de ser imparcial. En la propaganda, el hombre con causa tiene que creer que el otro no tiene motivos, o son estúpidos. He leído sobretodo cosas pro-palestinas. Si fuera todo tal como dicen, la mayoría del mundo sería anti-sionista. No es el caso. Hay gente lista y preparada que apoya a Israel. Creo que la gracia del periodismo no es buscar la versión oficial o tópica de cada bando, sino qué puede decir la gente informada y posicionada sobre un tema.

Puede que haya lectores estúpidos o desinteresados. Pero no hay obligación moral de tomar partido. Vale la pena trabajar por ese pequeño porcentaje informado al que podemos hacer la vida más fácil.

Pero dejemos a la audiencia saber los mejores motivos de cada bando. Sólo hace falta que nosotros hagamos un collage con ellos, apuntemos (pero no eliminemos) los hechos o datos falsos y lo presentemos de la manera más clara e interesante posible.

Después supongo que podremos tomar una cerveza fría bien tranquilos.