¿Es mejor educar a tus hijos en China o en Occidente?

(Artículo original en Esglobal)

y450-293

Cuando Lenora Chu, su marido y su hijo Rainey -de tres años- llegaron a Shanghái, tenían dos opciones educativas muy diferentes. La primera eran las escuelas progres llevadas por extranjeros, que ponían los deseos de los niños por encima de la autoridad de los profesores, prohibían los castigos y creían que aprender matemáticas no importaba demasiado. Las escuelas chinas, por otro lado, promovían una obediencia total al maestro, una normativa igualitaria y rígida, y la dedicación de horas y horas a la memorización y al estudio. Chu -con bastantes dudas- escogió las segundas. En la primera semana de colegio, su hijo Rainey le contó que la profesora le había obligado a comer un huevo -su alimento más odiado- en la hora de la comida. Lo había escupido y, a pesar de ello, la maestra se lo había vuelto a meter en la boca hasta que se lo tragó. Indignada, Chu fue a ver a la profesora de su hijo, para preguntarle si toda esta historia de la comida a la fuerza era verdad. La maestra le dijo que sí. Chu le contó que en Estados Unidos no utilizaban esos métodos, sino que trataban de explicarle a los niños que comer huevo era importante para su nutrición: “los motivamos para que escojan comer huevos”. “¿Y funciona?”, le preguntó la maestra. “Bueno, no siempre…”, admitió ella. Al cabo de unas semanas, Chu vio cómo su hijo comía los huevos que ella preparaba para cenar sin soltar ninguna queja. Incluso parecía que les había cogido cierto gusto. Los métodos de la escuela china no eran los más políticamente correctos, pero sí los más efectivos.

Lenora Chu explica esta y otras anécdotas en su magnífico libro Little Soldiers, una obra sobre pedagogía muy bien documentada, explicada a través de una narrativa periodística que combina humor con rigor. El caso de Chu es interesante, ya que se trata de una estadounidense hija de inmigrantes chinos, que creció entre el individualismo americano de su entorno y el autoritarismo confuciano de sus padres. Su hijo Rainey experimenta lo opuesto: padres progresistas americanos que deciden criar a su hijo en una rigurosa escuela china de élite, centros que suelen tener nombres como “Sabiduría Primero”, “Sacrificio es oro” o “Mejores Matemáticas del Mundo” -en contraste, por ejemplo, con la guardería occidental a la que antes iba Rainey, llamada “Niños Felices”-.

La escuela tradicional china es casi todo lo contrario de lo que recomiendan los pedagogos progres occidentales. La autoridad y el respeto hacia el profesor es total, tanto de los alumnos como de los padres. Es un reconocimiento intrincado en la sociedad: China es el país donde más padres recomendarían a su hijo hacerse profesor (a pesar de los malos salarios), explica Chu. Esta autoridad va acompañada de muchas normas -por ejemplo, los alumnos han de estar siempre correctamente sentados, y sólo pueden ir al baño o beber agua en horarios establecidos-. También se usan amenazas y gritos sin ningún remordimiento, si son necesarios. El primer día de escuela -cuenta la autora- cuando los niños lloran sin parar, los profesores no paran de gritarles y amenazarles que “sus padres no les van a venir a buscar nunca”, o que “se los va a llevar la policía” si no detienen sus lágrimas y se sientan en sus sillas. Lo que en muchas escuelas occidentales se consideraría traumático o incluso denunciable, en China es el pan de cada día. Todos los niños deben cumplir las normas sin excepciones. A pesar de las reticencias y enfados iniciales de la autora, acaba descubriendo dos cosas: que su hijo es mucho más fuerte a las situaciones adversas de lo que cree (aunque le amenacen de vez en cuando), y que las rígidas normas no lo han hecho un niño menos feliz o curioso, sino simplemente más organizado, puntual y respetuoso…

(Seguir leyendo)

Anuncios

1917: la Revolución que Putin intenta difuminar

(Artículo original en Público)

5a01eb43ee56e-r_1510081914972-0-209-2875-1690

La plaza Pushkin de Moscú se ha llenado hoy de comunistas de todos los países. A escasos metros del primer McDonalds que abrió en la ciudad, centenares de cuadros de Lenin y Stalin se han levantado entre miles de cabezas humanas, acompañados de banderas de todos los países. Había enseñas republicanas, esteladas e ikurriñas, como también brasileñas, griegas, chinas, vietnamitas o argentinas. La multitud de partidos y organizaciones comunistas que paseaban sus siglas era incontable. El motivo y el héroe estaban claros: Lenin y la toma del poder de los bolcheviques, el inicio de ese imperio que fue la URSS, y por el que todos los manifestantes -ancianos o jóvenes- suspiraban con nostalgia.

Las proclamas y cánticos en diversos idiomas -“bella ciao”, “el pueblo unido jamás será vencido”- y el fervor general contrastaba con el resto de las calles de Moscú, donde apenas había señales de que hace 100 años el partido de Lenin derrocara al gobierno provisional surgido de la caída del zarismo.

Si en los últimos años la tradicional manifestación del 7 de noviembre había reducido su presencia -el trayecto se acortó en gran medida y la mayoría de manifestantes eran jubilados nostálgicos de la URSS-, el centenario le ha dado un gran impulso. Tanto se veía militares casi centenarios con sus condecoraciones soviéticas, como jóvenes vestidos con abrigo largo y gorra leninista, pasando por mucha ropa de montaña que los comunistas de países más cálidos habían traído para soportar el invierno moscovita.

El gobierno ruso ha permitido la manifestación, pero de manera discreta. Los policías no han cortado el tráfico de la ancha avenida Tverskaya, sino que han hecho pasar a los miles de manifestantes por una de las aceras. Las banderas con la hoz y el martillo, junto a decenas de símbolos del folklore comunista, han pasado por delante de las tiendas de lujo de la avenida, hasta detenerse frente a la estatua de Karl Marx, donde en un escenario con imágenes de Lenin y Stalin se han cantado canciones revolucionarias y se han hecho largos discursos. Con la mirada se podía alcanzar el inicio de la Plaza Roja, donde todavía continúa en pie el mausoleo de Lenin, el símbolo al que todos estos comunistas han venido a rendir homenaje…

(Seguir leyendo)

Josep Fontana: “Les revolucions comencen als llocs més desenvolupats, però costa arribar a tota la població”

(Entrevista original a Crític)

105

L’historiador Josep Fontana (Barcelona, 1931) ens rep al seu pis del Poble-sec. Seiem a la taula del menjador, davant d’una gran prestatgeria plena de llibres. Fontana acaba de publicar ‘El siglo de la revolución’ (Editorial Crítica, 2017), un recorregut per la història mundial des del 1914 fins ara, utilitzant com a eix la Revolució Russa d’ara fa un segle. Parlem amb ell sobre els bolxevics, Lenin, Stalin, els comunistes catalans, la Guerra Freda o les revolucions fallides dels anys seixanta. Cauen crítiques a Orwell, Carter o Mao. Durant l’entrevista, Fontana s’aixeca més d’un cop a buscar llibres que il·lustrin i complementin la conversa. La seva ment continua àgil, entreteixint teories, citacions i dates.

Comencem pels bolxevics. L’historiador Orlando Figes els defineix, sobretot en l’etapa prèvia a la revolució del 1917, com un grup minoritari, fortament intel·lectualitzat i radical, oposat al model de partit de masses reivindicat pels menxevics. Quasi semblen una secta, amb Lenin com a líder. Hi està d’acord?

Inicialment és veritat. Al primer Congrés dels Soviets el pes dels bolxevics serà petit, sobretot en comparació dels socialistes revolucionaris, que tenien una afiliació camperola molt àmplia. Durant l’etapa del Govern provisional de Kérenski —on participen socialistes revolucionaris i menxevics—, els bolxevics aniran fent contactes importants amb els sindicats i, el més important, reivindicaran la pau a tota costa en la Primera Guerra Mundial. Lenin aconseguirà un suport molt ampli gràcies als decrets de pau i de reforma agrària. Els altres grups polítics —per contra— volen continuar i guanyar la guerra, per després realitzar una assemblea constituent republicana. La novetat dels bolxevics és que apostaran per canviar-ho tot immediatament. Aquesta nova fórmula és la que impactarà a escala mundial. Proposaran una via contrària a la socialdemòcrata, que defensava presentar-se a les eleccions i, un cop obtingut el poder, tenir el luxe de poder canviar les coses. Aquesta força els permetrà dominar el Congrés dels Soviets i aconseguir el suport camperol, sense el qual difícilment haurien pogut resistir durant la Guerra Civil.

El més radical de tots és Lenin. Bona part dels altres bolxevics volien anar més lentament.

Quan Lenin arriba a Petrograd, la majoria de bolxevics no creuen que la presa del poder sigui possible. Lenin està en la línia de la ‘Crítica al Programa de Gotha’, de Marx: aconsegueix el poder, tira endavant i canvia aquesta societat radicalment. Té un programa d’una ambició extraordinària. Pretén —a curt termini— posar fi a l’aparell repressiu de l’Estat, amb les diferències de classe, amb el treball assalariat… Quan arriba el moment decisiu de la pau de Brest-Litovsk [pacte amb les potències centrals, que va suposar importants pèrdues territorials a Rússia a canvi de sortir de la guerra], Lenin decidirà que no importa el que es pugui perdre: l’important és salvar la revolució. Aplicarà la mateixa mentalitat el 1921, amb l’inici de la Nova Política Econòmica (NEP).

La Primera Guerra Mundial va ser essencial en l’esclat de la revolució del 1917. En concret, en el cas bolxevic, l’element pacifista serà clau per guanyar-se la simpatia de les masses.

La Primera Guerra Mundial va fer-ho trontollar tot, i va fer possible que es produís un moviment revolucionari sense que l’Estat tsarista tingués capacitat de frenar-lo. L’inici d’aquest procés és quasi un miracle, ja que la majoria dels caps dels partits revolucionaris estaven o a l’exili o a Sibèria. Però l’Estat ja no té capacitat per resistir, i això crearà un forat en el qual creixerà amb molta força tot aquest moviment subversiu. Va arribar un moment en què les conseqüències socials de la guerra no només van afectar Rússia: a Alemanya, l’Exèrcit va haver de pactar el final del conflicte, perquè temia que la situació podia acabar com a Petrograd.

(Segueix llegint)

El ‘bloque Leviatán’ comença la campanya

(Article original a Públic)

59f5f1e7484fa

L’helicòpter continua sent el rockstar de la festa. Si fa una setmana els indepes el xiulaven quasi destrossant-se les orelles, ara sembla que de l’helicòpter n’estigui a punt de baixar Tom Cruise sense samarreta. Els centenars de milers de persones que tornen a omplir el Passeig de Gràcia -senyera/rojigualda/bandera europea a les esquenes- criden un alegre ”¡¡¡bieeeeeen!!!” cada cop que passa per damunt l’ocellet mecànic. Els ulls de la policia nacional, és a dir, els ulls del govern espanyol, és a dir, els ulls del Leviatan miren la marea vermella i groga que recobreix el centre de Barcelona. I els milers de puntets retornen la mirada i criden eufòrics.

El Leviatan és poderós i alhora inexistent. És el monstre marí que simbolitza la força de l’Estat. De vegades cau -com, per exemple, a la Revolució Russa-, però sempre l’acaba substituint un altre monstre gros i imponent. Sempre està rodejat de petits peixets minúsculs que el fan encara més gros. Són necessaris per a la seva supervivència. Ell els protegeix i ells l’alimenten.

Molts d’aquests peixets han sortit avui diumenge a recórrer el Passeig de Gràcia de Barcelona, amb banderes espanyoles i crits a favor del Leviatan (que, com hem vist, pot adoptar forma de policia nacional o d’article 155). Molts d’aquests minúsculs peixos unionistes estaven molt tranquils fa un parell anys. Mai s’havien hagut de manifestar. Però quan han vist que el monstre gros que els protegeix es veia amenaçat, han sortit de la seva esquena a mostrar les seves petites dents. Això demostra tant una força com una feblesa del Leviatan: té una gran massa de peixets al darrere i, alhora, els peixets ja no estan tan segurs que el monstre marí pugui imposar-se per si sol. I, per això, s’han posat de campanya electoral…

(Segueix llegint)

Contra la Guàrdia Civil amb cartutxos de dinamita

(Article original a Públic)

978841700706

Més de 80 anys després, és difícil que ens fem una idea de la destrucció que va suposar la insurrecció d’Astúries del 1934. Hi ha una primera dada que -comparant-la amb qualsevol protesta recent que haguem pogut viure- és esfereïdora: 1.500 morts. La imatge que tenim de les revolucions és molt més romàntica que la que tenim de les guerres: en termes pràctics, la revolta d’Astúries va ser un conflicte armat amb tota la violència i destrucció que això implica. Campaments mèdics plens de civils, dones i nens ferits. Bombardejos aeris de les forces republicanes contra els insurrectes. Miners insurgents dinamita en mà que -encenent-la amb la cigarreta que portaven a la boca- anaven fent recular guàrdies civils i d’assalt mitjançant explosions i incendis descontrolats. Formació de comitès revolucionaris que abolien la moneda, creaven cartilles de racionament i en un parell de dies es trobaven sense recursos. Una ciutat important, Oviedo, arrasada per les explosions -amb bona part del seu patrimoni cultural-. Una república dèbil colpejada per una idea vinguda des de Moscou.

Tres periodistas en la revolución de Asturias (Libros del Asteroide) recull les cròniques periodístiques que José Díaz Fernández, Josep Pla i Manuel Chaves Nogales van fer d’aquestes jornades. Són pur periodisme de guerra, com el que s’havia fet anys abans durant la Gran Guerra de 1914, i es continuaria escrivint durant la guerra civil espanyola i la Segona Guerra Mundial. El fet que succeís en un petit quadrant de la Península no feia que la confrontació hagués estat menys cruenta. Com escriu Chaves Nogales en una de les seves cròniques, ”la rebelión ha tenido esta vez caracteres de ferocidad que no ha habido nunca en España. Ni siquiera durante la gesta bárbara de los carlistas hubo tanta crueldad, tanto encono y una tan pavorosa falta de sentido humano”…

(Segueix llegint)

Quan la terra se’t crema per Whatsapp

(Article original a Públic)

59e3a7cfb2115

La Marta va saber que les flames estaven a la porta de casa seva cap a les 11 de la nit. Era diumenge, i els seus pares havien passat el dia fora del seu poble, Chaín (Pontevedra). Es van trobar la carretera tallada, i no hi havia ningú a casa per aturar el foc que s’estenia a pocs metres del mur que delimita el seu jardí. Van trucar la Marta que, alhora, anava rebent fotografies i vídeos de flamarades i fum que li enviaven amics seus. Mirava les últimes notícies per internet i moltes informacions -algunes falses- li arribaven per les xarxes socials. Hi havia incendis per tot arreu. No podia estar segura de quins familiars o amics seus estaven en perill, i quins no. Més tard, els seus pares li van dir que els veïns havien pogut aturar l’incendi del seu poble, i que casa seva estava bé. No hi havia arribat cap bomber en tota la nit. Va penjar el telèfon i no parava de rebre més missatges. La seva única via de contacte des de Barcelona, a quasi un miler de quilòmetres de Galícia, era el seu telèfon mòbil. No va deixar de sonar durant tota la nit.

”Era molt angoixant, quasi no vaig dormir, tota la estona estava trucant, veient notícies, mirant fotos, preguntant a tots els meus coneguts… estava desesperada, sobretot per la distància”, m’explica per telèfon. El dia següent, de camí a les seves classes de medicina -porta sis anys a Barcelona estudiant la carrera- no va deixar de mirar vols, trens i autobusos de tornada per internet. ”La meva mare em va frenar i tranquil·litzar, em va dir que tot estava bé”, m’explica. Però també em diu que la seva mare va passar tot el trajecte en carretera des de Vigo al seu poble plorant, veient el paisatge devastat que tenia davant. El camí -”súper verd”- que havien recorregut tants cops ara estava gris i calcinat. Cases antigues i llocs on guardaven els animals estaven arrasats pel foc. La hípica on anava des de petita es va incendiar. Diversos cavalls van fugir i altres es van cremar, amb ferides molt greus. ”Al veure les fotos em volia morir”…

(Segueix llegint)

La revolució de les xiulades

(Article original a Públic)

59eba04ce7698

Quan pujo les escales del metro no sé si he sortit a una manifestació o a una òpera de Wagner. Tothom canta Els Segadors amb la ma alçada mostrant quatre dits, i un grup de veus s’alcen entre totes amb una melodia clarament professional. Hi ha tanta gent -encara falta mitja hora per les cinc, quan està previst que comenci la manifestació- que no puc veure d’on provenen aquells cants celestials. De cop s’aturen i els substitueixen els ‘hits’ del moment, que tinc la sensació d’haver escoltat més vegades que el ”Despacito”:

”Llibertat!”

”Fora les forces d’ocupació!”

”Els carrers seran sempre nostres!”

Avui hi havia planejat manifestar-se per la llibertat de Jordi Sànchez i Jordi Cuixart, però Rajoy -a l’hora del vermut- ha decidit sumar un litre més de gasolina, marca 155. Els manifestants però, han mantingut el ‘look’ que tenien preparat, amb un llacet de color groc a la jaqueta. Però l’estat d’ànim ha canviat. La revolució dels somriures ara està més trista, més enfadada i -com és normal- més cansada. Cosa que no ha impedit que milers de persones s’amunteguin al Passeig de Gràcia, una avinguda que crec que una dia d’aquests explotarà de tanta pressió demogràfica.

Els manifestants estan cabrejats, i l’únic símbol contra el que poden descarregar la seva ràbia és l’helicòpter que passa cada dos per tres sobre els seus caps. Cada cop que el ”pajarito” creua per Passeig de Gràcia milers de dits s’aixequen fent la botifarra, i proliferen els ”fill de puta” o els ”baixa si tens collons”. Però el que fan tots els manifestants a una, de manera absolutament esfereïdora, és xiular de manera aguda i estrident, com una mandràgora a la que li han arrencat una de les seves extremitats, i xiscla d’una manera que sembla que t’explotarà el cervell. Les parets dels edificis burgesos de l’Eixample fan eco i l’efecte s’amplifica. És el cabreig -per sort- destil·lat en xiulades…

(Segueix llegint)