Un caballo triste

(Publicado en Jotdown)

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Bojack Horseman es una serie sobre un caballo con cuerpo de humano que no consigue ser feliz. Pasa en Los Ángeles, como la mayoría de historias sobre el vacío del éxito. Los personajes se mueven entre el humor absurdo digno de una peli de porretas y el drama personal asociado a las relaciones modernas, muchas veces castradas y solitarias. El consumismo chabacano y el hipsterismo infantil son las dos corrientes sobre las que circula este mundo. La mitad de los personajes de Hollywoo, el barrio de famosos donde transcurre la serie, son animales antropomórficos que parecen actuar casi como los humanos. Es la mejor serie de dibujos animados después de Los Simpson.

Bojack, el protagonista, entra en la corriente de antihéroes alcohólicos y drogadictos que ha dado la ciudad de Los Ángeles, pero, al contrario que en la mayoría de casos, la serie no glorifica al personaje. Bojack fue el actor principal de una sitcom que tuvo bastante éxito en los noventa, pero, desde ese momento, no ha hecho más que cagarla, sentirse solo y beber mucho. Bojack no mola, al contrario que el Henry Chinaski de Bukowski o Hank Moody en Californication. No creo que nadie quiera ser Bojack, ni aún en sus mejores momentos. La admiración se sustituye por la comprensión, un poco tenebrosa, por ese sentimiento de que no es tan difícil que puedas acabar siendo así de miserable. Bojack es ese amigo un poco desgraciado e insoportable que, en el fondo, sabes que se esfuerza y te cae bien, pero al que solo verás hundirse.

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Màfia, cocaïna i transvestits a la Barcelona republicana

(Escrit originalment a Públic)

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Si avui passegem pel final de la Rambla, donem unes voltes pel Mirador de Colom, i ens fixem ens els grans edificis que rodegen la plaça descobrirem que, a banda d’estar rodejats de turistes, també estem rodejats per l’exèrcit. En lletres metàl·liques: ”Delegación de Defensa”, ”Fuerzas Armadas Profesionales”, ”Sector Naval de Cataluña”. Si ens endinsem per algun carreró: ”Sector Aéreo”. Però l’edifici més gran de l’exèrcit espanyol, que fa uns vuitanta anys es va convertir en EL Museu Marítim, era el ”Cuartel de las Atarazanas”, que -durant els anys 20 i 30- evitava, gràcies a la seva grandària, que els mariners i els vianants poguessin veure el que succeïa als estrets carrerons situats darrera d’aquesta caserna militar.

Al carrer Cid, al carrer Mina, al carrer Perecamps, al carrer de l’Arc del Teatre es concentrava la prostitució internacional de la ciutat, els ritmes de jazz accelerats, la venda massiva de cocaïna, els espectacles homosexuals i transformistes, i molts i molts turistes, burgesos, aristòcrates i bohemis que volien satisfer el seu morbo i la seva cerca d’emocions fortes, d’hedonisme de postguerra. Tot això sense que es veiés gaire, gràcies a la immensa ombra de la caserna militar de Drassanes.

L’anomenat districte cinquè -aquesta petita àrea de carrerons darrere de les Drassanes Reials- va ser una zona fabril fallida, que va acabar subsistint gràcies a la prostitució barata i a les tavernes populars, on es reunien revolucionaris, delinqüents, mariners, obrers o militars. Les navalles, les pallisses i els robatoris eren habituals. La majoria de prostitutes parlaven en català. Es planejaven conspiracions anarquistes. Francesc Madrid -el periodista dels baixos fons de la Barcelona dels 20- va batejar aquesta zona, sense gaire justificació, com ”el Barrio Chino”, i així va quedar el nom.

Els reportatges de Madrid al setmanari El Escándalo van crear un mite bohemi, que va atraure les plomes d’altres periodistes catalans, com Josep Maria Planes o Josep Maria de Sagarra. Aquesta seducció per la decadència, per una combinació entre llibertat, desig i perill, va anar absorbint a escriptors, burgesos, artistes i curiosos estrangers, que -si passaven per Barcelona- no podien estar-se de visitar el ”Barrio Chino” i, en especial, el bar ”La Criolla”, el local més boig de la zona, on el tango i el jazz es tocaven a ritme frenètic, la ”mandanga” (cocaïna) es prenia amb la naturalitat d’un còctel i homes amb els llavis pintats i faldilles sensuals atreien les mirades masculines i femenines.

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El licor que explica la corrupción dentro del Partido Comunista chino

(Publicado en Esglobal)

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Todas las cenas chinas de importancia se cierran con “baijiu”. Ya sea entre empresarios de éxito, entre funcionarios del Partido, entre militares veteranos o entre compañeros de oficina, el “baijiu” es una tradición y, a la vez, una competición sobre quién es más hombre o sobre quién puede beber más tragos de este fuerte licor de entre 40 y 60 grados sin arrastrarse por los suelos. Hay “baijiu” de diferente reputación: una botella pequeña marca Erguotou cuesta menos de un euro, y la suelen beber, o los mayores junto a su plato de fideos, o los jóvenes que quieren coger una borrachera rápida y barata. También hay algunas marcas más respetables, alrededor de los 70 euros, que las familias suelen sacar durante las celebraciones del Año Nuevo chino. Finalmente, están las botellas más queridas por los coroneles, funcionarios y empresarios del Partido Comunista, que suelen rondar los 300 euros. En 2012, por ejemplo, estas botellas de lujo compradas por miembros del Gobierno representaban la mitad de las ventas de “baijiu” en todo el país. Pero, sólo unos años después, como si se hubiera aplicado la ley seca, las ventas a miembros del Partido sólo representan un 2% del negocio. ¿Quién es el culpable de esta abstinencia milagrosa? Xi Jinping, el actual presidente chino, y su puritana, pero eficaz, campaña contra la corrupción.

El “baijiu” Moutai, la marca más cara y respetada del país, es el claro ejemplo de cómo este licor está estrechamente relacionado con la corrupción de la China actual. En sus inicios, los líderes comunistas chinos lo asociaron con el vigor y la energía revolucionaria. En la Larga Marcha de los 30, durante la guerra entre el Ejército Rojo y los nacionalistas del Kuomintang, las botellas de Moutai insuflaron un espíritu resistente y guerrero a los soldados comunistas, durante las horas más difíciles del conflicto. La guerra acabó, los rojos ganaron y el “baijiu” siguió en las mesas, como símbolo de esa victoria. Era un trago obligatorio durante las visitas de mandatarios extranjeros a Pekín. La relación problemática empezó durante el despegue económico de China, tras la muerte de Mao Zedong y la apertura al libre mercado. Las marcas caras de “baijiu” se convirtieron en el regalo habitual entre empresarios, funcionarios, militares y políticos. Era una manera de demostrar el poderío económico propio, ya fuera como regalo o pidiéndolo al acabar una cena. En muchas ocasiones, más que presentes, las botellas lujosas eran sobornos para conseguir la aceleración de algún trámite, o ganarse la confianza de algún miembro relevante del Partido. En 2010, no hace tanto, sólo un 1% de los bebedores de Moutai habían pagado por la botella que estaban tomando.

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¿Quiere Trump “hacerle un Nixon” a China?

(Publicado en Esglobal)

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Nadie sabe hacia dónde va Trump y, para intentar sacar algo en claro, los diarios se llenan de comparaciones con anteriores presidentes estadounidenses. En política interior se le ha equiparado al demócrata-demagogo Andrew Jackson, o a la explosión republicana que supuso Ronald Reagan. En política exterior se le asimila a Richard Nixon. En los años 70, Nixon consiguió que China se aliara con Estados Unidos en contra de la Unión Soviética. Veinte años después, la URSS caía y Rusia pasaba de ser una superpotencia a un poder medio en el escenario mundial. Ahora, en 2017, Donald Trump muestra afectos hacia Rusia y hostilidad hacia China, la única potencia a la altura de Estados Unidos. ¿Una estrategia nixoniana a la inversa? Por ahora, veamos los hechos.

Trump no se ha hecho esperar y se ha posicionado de manera clara junto a Rusia y contra China. Política exterior hacia Moscú: elogios personales a Putin, aprobación de sus acciones militares en Siria y Ucrania y fichaje de hombres clave con conexiones rusas (Rex Tillerson, secretario de Estado; Michael T. Flynn, consejero de Seguridad Nacional). Política exterior hacia Pekín: ataques (o insultos) casi diarios al modelo comercial chino, avisos de mano dura en el Mar del Sur de China y un amago de ruptura simbólica – aunque luego Trump se ha retractado- con la política de “una sola China” entre Taipei y Pekín. Advertencia: si con una cosa están obsesionados los chinos es con la desintegración territorial, asociada históricamente al caos y a una debilidad que abre las puertas a los invasores externos…

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Carrère, Dios, Houellebecq

(Publicado en Jotdown)

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Yo tenía unos diecisiete años, estaba en clase de filosofía, y mi profesor habló y dijo: «Dios no es una pulga». La frase me sacudió. De repente, Dios era algo, y no algo mísero, pequeño y prescindible, sino algo importante. Esa frase —irónica, pero no con Dios, sino con todos los alumnos que había en el aula— cogía todavía más fuerza en boca de mi profesor, ateo, de izquierdas, autor de varios libros sobre Nietzsche (¡Nietzsche, el que había matado a Dios!). Mi profesor, que había leído y comentado a Nietzsche, el enemigo acérrimo de Dios, el autoproclamado anticristo, nos advertía que Dios no era una pulga, sino algo importante. Algo de lo que la sociedad actual, ilusa, creía que podía prescindir sin consecuencias. ¿Cómo podía él, ateo, nietzscheano, seguir preocupado por Dios? ¿Los ateos no se burlan, ironizan, insultan, ignoran, prescinden de Dios? ¿Los ateos no han pasado página?

Aunque mantengo amistad con mi antiguo profesor nunca hemos hablado del tema. Quizá todas esas preguntas estaban más en mi cabeza que en la suya, no lo sé. «Dios no es una pulga». Pero la frase se quedó en mi mente, advirtiéndome que Dios no era un tema del que pudiera escapar. Con este eco lejano, casi siete años después, abrí El Reino, de Emmanuel Carrère…

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La columna i el poder: una història crítica de ‘La Vanguardia’

(Me estreno en Crític. Aquí va mi reportaje, en dos partes, sobre toda la historia del diario ‘La Vanguardia’)

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Il·lustració: Jordi Borràs

Part 1

‘La Vanguardia’ és el gran poder mediàtic de Catalunya i un dels més influents a l’Estat espanyol. Ha sobreviscut més de 135 anys a canvis de règim, d’esquerres, de dretes, a monarquies, repúbliques i dictadures. Cap altre diari català ni espanyol ho ha aconseguit durant tant de temps. ‘La Vanguardia’ no és només un diari: és una institució, un actor polític fonamental per entendre la Catalunya contemporània. CRÍTIC fa una radiografia dels moments històrics clau per entendre la influència i el poder del diari dels Godó.

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Part 2

‘La Vanguardia’ ha estat, durant els darrers 37 anys de Govern autonòmic, el diari més llegit i influent a Catalunya. Pujol va intentar controlar-la, Aznar s’hi va apropar, el tripartit hi va xocar, l’independentisme va intentar entrar-hi… però ‘La Vanguardia’ s’ha mantingut, a grans trets, en la seva línia de sempre: al costat del poder, però marcant perfil i distància. La família Godó, tot i la relació amb grups econòmics com La Caixa, segueix controlant les regnes del diari amb mà de ferro.

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