Cervezas artesanales, el vicio pequeñoburgués que se infiltra en China

(Publiqué esta crónica para Efe. Debo la idea al excelente diccionario anglófilo de Ignacio Peyró -del que leo cada mañana unas pocas páginas a la hora del desayuno-, concretamente a su entrada dedicada a las ‘ale’)

David Cameron And Chinese President Xi Jinping Visit Princes Risborough Pub

Xi y Cameron, felices con sus Indian Pale Ale

Los camareros sirven pequeños vasos de cerveza artesana llegada de Europa, Japón o Nueva Zelanda al centenar de catadores que se reúnen en el Festival de Cervezas Artesanales de Pekín, un brindis por el auge de este vicio pequeñoburgués en la tierra de Mao.

El sabor amargo y sustancioso de la cerveza artesana cada vez es más popular en China, donde florecen las marcas locales y está de moda beber una “ale” anglófila o una “lager” con toques “bitter”.

Carl Setzer, organizador del evento y fundador de la marca cervecera ‘Great Leap‘, explica a Efe el objetivo del festival que se celebra este fin de semana: presentar al mercado local las cervezas artesanas de fuera de Pekín, ya que -según dice- hay cierta reticencia hacia la producción de fuera de la ciudad.

Setzer fue uno de los pioneros en asentar el exitoso negocio de las cervezas artesanales en Pekín. Su modelo de negocio se basa en integrar sabores y nombres chinos en la producción de esta elaborada bebida.

Los nombres de sus cervezas juegan con términos o historias de la cultura china tradicional, como “Buda de Hierro”, “Pequeño General” o “Calabaza Imperial”, además de añadir toques de especias, frutas exóticas y té local.

El aumento de la clase media china y su capacidad adquisitiva, y su atracción por las tendencias de consumo occidentales, vistas como modernas, son algunos de los factores que explican el auge de este tipo de bebidas, que hombres de negocio o estudiantes de intercambio chinos ya han experimentado en, por ejemplo, Estados Unidos, cuna de las cervezas artesanales.

Cabe recordar que China es el mayor consumidor mundial de cerveza, con más de 54.000 millones de litros anuales, según datos del Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Reino Unido, seguido a distancia por Estados Unidos, con un consumo de 24.000 litros de cerveza por año, y Brasil, con 14.000 litros anuales.

Aún así, si se mira cuánta cerveza consume cada habitante de China (consumo por cápita), el nivel no es demasiado alto, ya que países asiáticos como Japón, Corea del Sur o Vietnam son más aficionados a este amargo brebaje.

Este factor hace de China un mercado cervecero “poco maduro”, explica a Efe Chandler Jurinka, creador de la marca Slow Boat -de las más conocidas en China- por lo que el negocio tiene una “ventaja competitiva” al poder aspirar a muchas más ventas, algo que sería difícil en países donde el consumo de cerveza ya está consolidado.

“Nuestra cerveza más vendida es la Monkey Fest. Es fuerte, amarga y con toques de mango y fruta de la pasión”, explica Jurinka -que, como la mayoría de empresarios que se adentraron en este negocio en China, es extranjero-, y revela con orgullo que su nuevo proyecto es crear una cerveza con sabor a lichi.

Cocinar cervezas artesanales “con características chinas” es una actitud habitual en este negocio -extendido en los grandes focos urbanos del país, como Shanghái- aunque también hay maestros cerveceros que se apartan de esta tendencia.

Es el caso de Thomas Gaestadius y Will Yorke, un sueco y un inglés que después de hacer de disyóqueis de música “house” por los clubes de Pekín y crear salchichas artesanas, empezaron a fabricar su propia cerveza mirando vídeos por internet y usando ollas de cocina.

“No queremos hacer cosas sólo por hacernos los listos” explican a Efe, y critican la “tentación” de poner sabores o ingredientes chinos en cada cerveza de su marca, llamada Arrow Factory.

Por ahora, la mayoría de sus clientes son extranjeros -“los chinos llegan después”, cuentan- y aseguran que no van a variar su estilo para ofrecer un “envoltorio chino” al producto o añadir un ingrediente exótico en cada cerveza: “Cualquiera podría, también, poner pomelo en una salsa carbonara”, dicen riendo.

No les da miedo ser catalogados de “simples” o “poco chinos”, y comparan fabricar cerveza con hacer música electrónica: “Si haces algo bueno, la gente vendrá”.

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