El santuario rojo de Marbury

(Publicado en EFE Reportajes. Fotos propias)

La caricatura de Stephon Marbury vestido de Mao Tse-Tung y haciendo el saludo militar es uno de los regalos estrella de la “Casa de Marbury”, el museo dedicado al líder de los Beijing Ducks, los campeones de la Liga china de baloncesto.
En la tienda de este museo, situado dentro de un edificio de correos en el centro de Pekín, también se puede comprar una postal en la que sale un camión con la cara de Marbury llorando después de tener un accidente, una metáfora del pasado de este base de Brooklyn antes de su llegada a China.

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Las paredes de la “Casa de Marbury”, decoradas con macetas de oficina con hojas verde claro y grafitis de estética callejera, repasan la trayectoria de este base estadounidense, una historia de éxito, dinero y decadencia habitual en la NBA.
Como muchos otros jugadores afroamericanos, Stephon Xavier Marbury fue el sexto de una familia pobre de siete hermanos criados en Coney Island, al lado de Brooklyn, y empezó a destacar como estrella en el instituto público Abraham Lincoln, por donde también pasaron el músico Neil Diamond, dos premios Nobel de Química y un premio Nobel de Medicina.
Allí ganó varios premios locales -en el museo de Marbury, la mayoría de trofeos exhibidos son de esta época o de su posterior etapa como jugador en China-, para luego jugar en la universidad Georgia Tech de Atlanta, de donde fue elegido número 4 del Draft de 1996, del que salieron superestrellas como Kobe Bryant, Allen Iverson o Steve Nash.
Pasó por equipos como los Minnesota Timberwolves o los New Jersey Nets (equipo que después se trasladaría a su Brooklyn natal), para luego ser traspasado a los Phoenix Suns a cambio del base Jason Kidd, donde mantuvo sus buenos número aunque su equipo no alcanzó a pasar de la primera ronda de Playoffs.
La decadencia del base empezó con su traspaso a los Knicks de Nueva York: empezarían a bajar sus números, su mote cambiaría de “Starbury” a “Selfbury” (por su extremo individualismo en el juego) y su equipo solo alcanzaría los Playoffs una vez en cuatro años, perdiendo en primera ronda contra los Nets de Jason Kidd, jugador por el que Marbury había sido traspasado tres años antes.
Al final del museo, una gran televisión repite una y otra vez un documental sobre la vida de Marbury. Entre las imágenes se muestran dos momentos en los que el jugador tocó fondo: cuando colgó un vídeo en internet donde se le veía comiendo vaselina y cuando fue llamado a juicio para testificar sobre denuncias de acoso sexual contra directivos de los Knicks, su equipo del momento.
A partir de estos hechos -y la muerte de su padre en medio de un partido- la decadencia de “Starbury” llegó a su límite, y luego de pasar una breve y mala etapa en los Boston Celtics, la antigua estrella de instituto decidió dejar su país y probar suerte en el baloncesto chino.
“He venido aquí para reconstruirme” declaró Marbury al New York Times en su llegada a China. El base de Brooklyn se tatuó su nombre en mandarín en el brazo izquierdo, fichó por los Beijing Ducks y pasó de ser una estrella de la NBA en decadencia a un ídolo de masas en el país más poblado del mundo.
“Este país me lo ha dado todo” dijo el jugador en esa misma entrevista. Pocos meses después, lideraría a los Ducks al estrellato de la Liga china en 2012, 2014 y 2015, y tendría su propia estatua, la ciudadanía honoraria, la llave de la ciudad de Pekín y un sello postal con su cara estampada.

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La popularidad del jugador lo llevaría a participar en un musical llamado “Yo soy Stephon Marbury”, donde el jugador de 38 años se representó a él mismo como un inmigrante del campo que viene a “perseguir su sueño” en la ciudad de Pekín.
Una variante del “american dream” que Marbury vio frustrado en Estados Unidos, pero que ahora dice vivir en China: en el documental del museo se ve al base, con cara sonriente, de camino al trabajo –“el metro me gusta, es fácil para mi”, dice en la grabación-, practicando meditación o probando comida tradicional china.
El “renacimiento” de Starbury -un término habitual en boca del presidente chino, Xi Jinping, que suele hablar del “renacimiento” de la nación- le llevó incluso a participar en una campaña oficial como “modelo” de la ciudad de Pekín. El lema era: “Trabaja duro y vive moralmente”.
El último regalo de China a Starbury fue la “tarjeta verde” de residencia permanente en China, que sólo tienen 5.000 de los 600.000 extranjeros que viven en el país. La entrega fue el 25 de diciembre, el día de Navidad.
“Es un momento histórico” dijo al diario China Daily. Pocos días después, Marbury era suspendido un partido después de criticar, a través de la red social china Weibo, una falta técnica en su contra. A las pocas horas, colgaba un comunicado, escrito en chino, pidiendo perdón y asegurando que no lo volvería a repetir.

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