Mi entrevista a Patricio Guzmán, autor de ‘La Batalla de Chile’: “España adolece de una falta de cultura sobre su historia reciente”

(Esta entrevista fue publicada, en una versión reducida, para EFE)

Me encuentro con Patricio Guzmán en una sala lateral de la Embajada de Chile en Pekín, de sofás acolchados, pared izquierda con una foto de la presidenta Bachelet y pared derecha con estantería de vinos chilenos, medio cubiertos de polvo. En uno de los huecos de la estantería falta una botella. Guzmán ha pasado el control de seguridad del exterior de la embajada, llena de vallas, barricadas y cámaras, como todas las otras embajadas de Pekín. Un soldado chino armado con metralleta, que se pasa medio día en la misma posición a menos diez grados bajo cero, le abre la puerta. Guzmán entra, saluda, va al baño, vuelve, se recosta en la butaca y su mujer -que ríe de manera afrancesada, con un tono difícil de descifrar- se acomoda en una silla, observando. Empezamos.

Pregunta: ¿Es su primera vez en China?

Respuesta: Es la primer vez. Estoy muy impresionado, no sé todavía por qué.

P: ¿Hay algún escritor o cineasta chino que le interese?

R: He visto varios documentales chinos que me han interesado, uno sobre un circo, otro sobre una fábrica…

P: Revisé “La batalla de chile” antes de esta entrevista. En la época de la Unidad Popular [gobierno de izquierdas de Salvador Allende, derrocado por la dictadura militar de Augusto Pinochet], ¿tuvo algún impacto el maoísmo en la izquierda chilena?

R: No. En Chile nunca hubo un partido maoísta importante. Hubo grupos con influencias maoístas, pero eran escasas. En Latinoamérica sólo hubo influencia china en Argentina, Uruguay y Brasil.

P: La China del siglo XX ha tenido etapas interesantes y turbulentas, por ejemplo la Revolución Cultural. ¿Cree que se podría hacer una “Batalla de Chile” sobre alguna época de la historia china?

R: Se podrían hacer múltiples películas sobre China como “La batalla de Chile”. Sería estupendo que existieran.

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Foto de Edmundo Bustos

 

P: Pasemos a su último documental, “El botón de nácar”, que trata sobre los desaparecidos durante la dictadura que fueron arrojados al océano y los pueblos indígenas exterminados del sur de Chile. ¿Cuál es su relación con el mar? Tengo entendido que vivió durante un tiempo en Viña del Mar.

R: Cuando era pequeño viví cerca del mar. El océano Pacífico, sobretodo, es un misterio enorme, porque es gigantesco. Tiene quince mil kilómetros de extensión hasta Australia y Japón. Es una frontera imposible, no la puedes atravesar. Eso siempre me llamó la atención.

P: Hay una relación fuerte entre mar y violencia. Sobre todo a partir del siglo XV, con las batallas navales o la colonización. En la literatura se ha hablado del tema: por ejemplo R.L. Stevenson, con la figura del pirata. ¿Qué artista o escritor ha trazado mejor esta línea entre mar y violencia?

R: En Chile quien habló mucho del mar es Neruda. En el mundo no te sabría decir.

P: “El botón de nácar” forma parte de una trilogía sobre los desaparecidos en la dictadura. La primera parte, “Nostalgia de luz”, trató de los enterrados en el desierto de Atacama. El segundo elemento geográfico fue el mar y tengo entendido que el tercero será la cordillera de los Andes. ¿Nos podría avanzar como tratará este último tema?

R: No puedo dar una respuesta muy concreta. Yo mismo no lo sé. Lo que hago es buscar un tema, independientemente de cómo lo voy a tratar. Me interesa la cordillera porque es un obstáculo geográfico que ha mantenido a Chile en el aislamiento. Aunque hay mucha gente que sale y entra, o pasa por encima de la cordillera, hay una situación de encierro. La cordillera protege a Chile, este pequeño país de 150 km de ancho, muy poco, y al mismo tiempo lo mantiene en un aislamiento enorme. Me interesa saber hasta qué punto esta situación es real. Quiero entrar en la cordillera y ver qué gente vive ahí, qué piensan, entrevistar a los que han vivido al lado de la cordillera toda su vida. Quiero saber qué significa ese muro desde el punto de vista humano.

P: ¿Cree que en Chile debería haber un aumento en la financiación de documentales?

R: En Chile existe una financiación: una vez por año se hace una selección de proyectos que apoya el estado. Casi todos los documentales chilenos han recibido apoyo del Gobierno de Chile. No es mi caso. Sólo mi última película obtuvo esta subvención. No sé porque no me la han querido dar en otras ocasiones. Creo que soy un cineasta chileno incómodo para mucha gente que ha estado en el Gobierno, ya que critico mucho la situación y hablo mucho de la historia de Chile y lo que pasó. Además, soy un cineasta chileno extranjero [Guzmán, desde el golpe de estado, ha vivido en Estados Unidos o Europa]. Es algo que siempre pasa con los artistas que se proponen criticar a su propio país.

P: ¿Cómo puede afectar una subvención a los contenidos? ¿Cuánta dependencia económica pueden crear? Es algo que se planteó en mi país con los apoyos al cine español.

R: Generalmente el documental necesita subvenciones del estado. Es un género poco comercial. Hay países donde el documental existe porque se le dan subvenciones y hay una televisión que los apoya: es el caso de Francia, donde hay seis canales de televisión donde solo proyectan documentales y hay ayudas anuales estatales. Sin eso, el documental francés dejaría de existir. El documental necesita apoyos porque no es capaz de sostenerse sólo comercialmente. El ejemplo contrario es Estados Unidos, pero los documentales norteamericanos, en general, son inferiores a los europeos.

P: En los documentales políticos, ¿con qué hay que tener cuidado para que no se conviertan en propaganda?

R: Lo más importante es dar una opinión sincera de lo que piensas. La figura del autor es muy importante: debes entrar tú a juzgar lo que pasó. También hay que darles la palabra a todos los que consideres adversarios. Eso es muy importante, ya que hace la película más completa, dialéctica y entera.

P: ¿Y en aspectos técnicos como el montaje?

R: Este aspecto es muy importante, ya que la mitad de la película se hace cuando la ruedas y la otra cuando la montas. El montaje tiene más importancia para el documental que para el cine de ficción. A veces una película varía por completo cuando entras en la sala de montaje. Entonces, tienes que mantener un equilibrio en los temas, para que la película llegue a la mayor cantidad de gente posible sin, por ello, perder su estado crítico. Es difícil, pero es apasionante hacer documentales que realmente atraigan a la gente.

P: De “La batalla de Chile”, que son todo imágenes de archivo, a “Nostalgia de luz”, que tiene imágenes espectaculares, hay giro estético muy grande. Aparte de la mayor capacidad técnica actual, ¿por qué ha habido un cambio en la estética de su obra?

R: Siempre buscas un punto de vista distinto durante tu carrera. Pensé que hacer una película sobre el norte [Nostalgia de luz] era más atractivo que continuar en la línea que había seguido. Pero no varía mi propósito: denunciar los crímenes de la dictadura y los que sucedieron antes de ella, continuar haciendo películas críticas sobre la historia de Chile. Respecto “La batalla de Chile” no tiene imágenes de archivo. La filmé yo sólo. Entera.

P: Perdone, he usado un término incorrecto. No debería haber dicho “imágenes de archivo”.

R: (Silencio)

P: Cambiando de tema, en una entrevista que hizo con EFE, dijo: “Me interesa la memoria en Chile porque, en la medida en que se estudie a fondo el golpe de Pinochet y lo que pasó antes, se evitará que el futuro siga siendo de las multinacionales que llegan a explotar materias primas”. ¿Cree que Latinoamérica puede seguir analizándose bajo la teoría de la dependencia? ¿Se ha avanzado algo?

R: No se sabe. América Latina es un continente en formación. Los últimos quince años ha habido muchos gobiernos nacionalistas en Argentina, Ecuador, Brasil, Uruguay y Venezuela. Hubo películas que hablaban de afianzar las riquezas nacionales, defender el patrimonio nacional y político. Ahora casi todos esos gobiernos han sido reemplazados y los nuevos no tienen ningún problema en entregar las materias primas a Estados Unidos y continuar como antes. América Latina es un continente móvil y no ha establecido definitivamente su personalidad. Continúa dando bandazos entre el norte y el sur. Es un continente en formación perpetua.

P: Los temas históricos que suele tratar la cultura latinoamericana, en especial la de izquierdas, oscilan entre los regímenes militares o los ataques a los pueblos indígenas. Pasando a temas actuales, yo lo veo, por ejemplo, en la crónica latinoamericana, que pocas veces sale del tema de la pobreza o la violencia. ¿Cómo se consigue un equilibrio entre no hablar siempre de esos temas y a la vez no olvidarlos?

R: Afortunadamente, en Chile hay una diversidad temática enorme en los documentales. Hay más producción que en otros países y hay temas completamente lejanos al político, la independencia nacional y las riquezas. Me parece muy interesante diversificar el documental. Chile será un país documental fuerte muy pronto.

P: Algunas veces ha dicho que la memoria es un concepto práctico. ¿Qué significa?

R: Si tu trabajas la memoria la economía va a ir mejor, el turismo va a ir mejor, los negocios van a ir mejor… La memoria no es una abstracción de un grupo que se preocupa del recuerdo. La memoria influye en tu comportamiento como ser humano moderno. Cuando un país trabaja la memoria llega a ser mejor y más grande.

P: ¿Qué diferencia hay entre la Memoria Histórica y la Historia a secas? ¿No es suficiente con que la Historia sea rigurosa?

R: Cuando se habla de la Historia, se tratan temas importantes y decisivos en la sociedad como la economía, pero se deja en un papel secundario a las víctimas. Hay que preocuparse de las víctimas: es el recuerdo de ellas lo que modifica la moral de un país.

P: Otro tema que trata su documental es el de la memoria de los indígenas latinoamericanos. ¿Cuál es la buena manera de explicar la historia de los pueblos originarios?

R: La mejor manera es explicarla tal como fue. Casi todos los historiadores de América Latina pasan por encima del problema indígena, no hablan de ello. Tampoco hablan de los golpes de estado o de las guerras escondidas y olvidadas. Los historiadores latinoamericanos son realmente muy malos. Ahora, recién hay una nueva generación de historiadores más diversos y modernos.

P: Un problema que me he encontrado con los historiadores, especialmente los de izquierdas, es el “buenismo” con el que tratan la historia indígena, como si antes de la colonización no hubiera habido violencia, que la hubo, con guerras brutales entre diferentes pueblos originarios. ¿Cómo se explica el indigenismo sin caer en el mito del buen salvaje?

R: Creo que las caricaturas no sirven para nada. Indiscutiblemente, hay que analizar profundamente lo que pasó y colocar los puntos sobre las íes. Hay situaciones que son difíciles de analizar y algunos historiadores modernos le dan la razón al indio por sobre cualquier otras circunstancia, cosa que me parece un error.

P: ¿Cree que hay derechos indígenas paralelos a los Derechos Humanos?

R: Creo que ambas cosas son lo mismo.

P: Pero, por ejemplo, yo estuve en Bolivia y me contaron casos donde la tradición indígena puede contener actitudes machistas o castigos con violencia física, algo contrario a los Derechos Humanos.

R: Hay países donde los indígenas viven en otro mundo. Están en otro siglo y otra época. Eso choca con los Derechos Humanos. Son casos especiales, que deben ser analizados de maneras distintas.

P: Siguiendo con el tema de la memoria histórica. ¿Conoce la situación en España, dónde hubo polémica por parte de sectores de la derecha en la aplicación de la Ley de Memoria Histórica? ¿Cree que España está atrasada en ese sentido respecto Latinoamérica?

R: Desgraciadamente está muy atrasada. Durante cuarenta o cincuenta años después de la Guerra Civil no se habló de los enterrados. La deuda de España con la memoria histórica es enorme. Y creo que eso causa graves problemas en la situación actual: falta un grupo de cineastas españoles que realmente profundicen en el tema y hagan películas importantes sobre la memoria de la Guerra Civil. Es fundamental: no se puede hablar de la Segunda Guerra Mundial sin pasar por esa etapa. La Segunda Guerra Mundial tiene cada año una película nueva, en cambio, eso en España no pasa. Hubo una época en la que se hicieron películas sobre la Guerra Civil, estaba de moda, pero duró sólo quince años a partir que empezó la Transición. España adolece de una falta de cultura sobre su historia reciente. Si eso no se soluciona, España va a seguir siendo un país secundario en Europa.

P: ¿Sigue la situación política actual en España?

R: Sí. Me parece muy interesante que aparte de los dos grandes partidos de siempre haya otras opciones. Porque ni los unos ni los otros han cumplido. Eso se hace presente con los partidos independentistas de algunas regiones y en partidos de izquierda distintos al PSOE, que tienen proposiciones más concretas. La política española de hoy día me parece apasionante. Es un misterio lo que va a pasar, pero la nueva situación es muy buena para el pueblo español.

P: ¿Cómo ve el modelo de la Transición española?

R: Los primeros tiempos de la Transición fueron estupendos. Se creó una prensa aceptable y positiva, después de cuarenta años amordazada y manipulada. España logra hacer una transición positiva, alegre, bien llevada durante los primeros veinte años. La Transición española fue un ejemplo. Esa cantidad de odio acumulado no se manifestó negativamente sino al revés, buscando hacer algo nuevo, ir hacia delante. Eso fue positivo para España, sin duda. Hizo entrar a España en el mundo moderno.

P: ¿Se recordaba la Segunda República Española en tiempos de Allende?

R: En Chile había aproximadamente 2000 republicanos exiliados que se encargaron de difundir lo que pasó en España. Había una simpatía natural por los héroes de la República y los presidentes de la República española. Aunque no se puede establecer una relación entre la Unidad Popular y la España republicana, ya que existían fuerzas diferentes como el anarquismo, que en Chile no existió.

P: Respecto la Unidad Popular de Allende: ¿cree que se puede trazar una línea entre ella y los movimientos estudiantiles de 2011?

R: Tal vez haya alguna similitud. Hay una sinceridad en la protesta, el querer participar de manera más profunda. Han quedado muchas cosas de la Unidad Popular: el recuerdo de un gobierno realmente democrático, respetuoso de la oposición, el deseo de criticar a la prensa equivocada, una reforma para una educación positiva… hay muchas cosas consideradas un ejemplo.

P: ¿La entrada de líderes estudiantiles a la Concertación [coalición de izquierdas ganadora de las últimas elecciones] ha dado un impulso transformador al gobierno de Bachelet?

R: Bachelet está un poco en mala situación, porque no ha logrado conformar un equipo capaz de efectuar lo que ella prometió. Los dirigentes estudiantiles han llegado al Parlamento, pero no han perdido la fuerza. No me parece mal que ahora estén allí. Pero el gobierno de Bachelet está muy desgastado y probablemente vendrá un gobierno de derechas en los próximos años. Eso no tiene ninguna importancia, es un simple pasaje temporal. El problema es para la izquierda, que debe rehacerse poco a poco, para poder reconstruir ese país democrático y amplio que antes existió.

P: ¿Ha habido cambios entre la prensa de antes de la dictadura y la actual?

R: Ha habido pocos, El Mercurio, que es un periódico nefasto, continúa siendo el diario principal. No ha habido capacidad por parte de la izquierda de crear un periódico a su altura. Se podría haber creado algo como El País en España perfectamente bien, incluso mejor, ya que los cuadros estaban. Pero mucha gente que hizo la transición creyó que la prensa no era importante y que lo que importaba era Internet. Fue un grave error: la prensa sigue siendo importante en Chile y en los países en desarrollo. Fue un grave error no hacer una prensa a la altura de las circunstancias. Muchos periodistas chilenos fueron becados para ir aprender a El País, pero ese plan se rompió. Es una lástima, porque El País era un ejemplo.

P: La mayor parte de la etapa post dictadura ha gobernado la coalición de centro-izquierda. Pero, ¿la hegemonía cultural de Chile es de derechas?

R: Creo que en Chile no hay ninguna hegemonía cultural. Es un país neutral, que no tiene personalidad en ese sentido. Por supuesto que hay gente de izquierdas, que fabrica su teatro y actividades culturales, pero Chile ha quedado en una neutralidad de país de cifras, donde se produce cobre y exportaciones. Una especie de reserva de materias primas, más que un país con su cultura y su punto de vista sobre América Latina. Chile se menciona solamente cuando hay algo económico que tratar o cuando hay una revuelta estudiantil. Pero los países que siguen mandando [en América Latina] son Argentina, Brasil y México. Aún así, la nueva generación no trae los prejuicios que existían antes. El movimiento estudiantil es muy profundo y amplio. En los próximos veinte años, Chile va a recuperar el papel de país culturalmente interesante que fue antes y durante Allende. Es cuestión de tiempo. El golpe de estado fue una explosión inmensa, que dejó a todo el mundo descabezado. Ha costado mucho recuperar lo que Chile fue. Creo que se va a conseguir, pero hay que esperar un poco más.

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