Mis diez libros de 2015

Estos son mis diez libros del 2015. Me he dejado muchos (y buenos) fuera. Los pongo por orden cronológico según el momento en que los leí.

 

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Las tribus de Israel, de Ana Carbajosa. Antes veía Palestina e Israel como dos bloques separados. Gracias a este libro descubrí que la sociedad israelí es un lío entre ultraortodoxos, judíos laicos, árabes israelíes, asquenazís, mizrajíes… y que las contradicciones internas del estado judío pueden llegar a ser un peligro mayor que el conflicto con los palestinos (o agravarlo aún más). Además, me sirvió de guía política para la semana (fascinante) que pasé visitando Israel y Palestina.

 

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A sangre y fuego, de Manuel Chaves Nogales. Relatos de no ficción sobre la Guerra Civil española, con un estilo y atractivo sin nada que envidiar al New Journalism americano. Un periodista poco conocido en España (del que escribí un breve perfil) con una mirada republicana pero crítica, que muchos deberían leer.

 

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La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Es difícil que una novela te haga reír y que tenga un personaje más asquerosamente atractivo que Ignatius J. Reilly.

 

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Lolita, de Vladimir Nabokov. Una delicia de prosa, un baile de nínfulas. Lo-li-ta.

 

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Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé. Un gran descubrimiento la melancolía, la mala leche y la complejidad psicológica de Marsé. De lo mejor que he leído en lengua castellana. Y pasa en Barcelona, por lo que puedo pasear por la novela.

 

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El Quadern Gris, de Josep Pla. El mejor libro que he leído (ya expliqué por qué).

 

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El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. No creo que sea una lucha del hombre contra la naturaleza. Creo que es una lucha del hombre por no perder aquello que le hace hombre. Complementé esta lectura con la biografía sobre Hemingway de su buen amigo A.E. Hotchner, sobre sus últimos años de vida. Escribir era su pez espada y cuando vio que ya no podía con él, se dio cuenta que había perdido. Y antes de verse derrotado, decidió destruirse.

 

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El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger. Hay gente que descarta autores porque los lee la gente que lleva gafas de pasta. Kerouac, Bukowski o Salinger, por ejemplo. Yo prefiero leerlos y a ver qué tal. Un chaval que se pone a caminar por Nueva York sin destino y con mil pensamientos en la cabeza. Sólo eso y ya me enganchó. Lectura agradable y extrañamente cercana.

 

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Sumisión, de Michel Houellebecq. Polémicas aparte sobre el tema (que yo creo que debe escribirse y es pertinente, aunque no creo que una novela deba juzgarse en base a estos parámetros), la prosa de este francés me ha atraído y quiero leer más libros suyos. Un buena novela, en la línea distópica orwelliana, que debe leerse, pero a la que creo que le falta un toque excepcional (que no tengo ni la más mínima idea de cuál es) para ser realmente buena.

 

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On China, de Henry Kissinger. Esta elección es trampa, porque aún me quedan un centenar de páginas para acabarlo. Pero la mezcla de historiador (que vivió e intervino en la historia que cuenta) y de filósofo político (barnizando con Maquiavelo los hechos y las decisiones diplomáticas que se cuentan) es una clase de teoría política realista y de historia contemporánea basada en la geopolítica. En épocas de cuñadismo, es balsámico refugiarse en lecturas así.

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