Los muertos palestinos nos importan más que los muertos congoleños, y eso es normal

Los acontecimientos suelen cambiar más rápido que las mentes. Después de la Guerra Fría, las guerras han sido distintas. Años atrás, veíamos guerrillas africanas (o asiáticas, o latinoamericanas) financiadas por la URSS que querían derrocar dictaduras financiadas por EEUU. Había dos grandes explicaciones fáciles y las dos satisfacían a cada bando. Unos hablaban de lucha antiimperalista, o lucha anticolonial. Otros, de contención del totalitarismo soviético. Siempre habían más buenos y más malos: era fácil posicionarse y tomar partido.

Ahora África parece distinta, pero no lo es tanto. Voló el dinero americano y soviético, y pareció que las mismas guerras eran otras. Cambiaron las luchas internas antiimperialistas por los llamados conflictos étnicos. En muchos casos se seguían matando los mismos contra los mismos, pero la lucha ya no era entre superpotencias ideológicas, sino entre tribus de las que nunca habíamos oído hablar. Ya no era tan fácil tomar partido. Era más fácil y satisfactorio pontificar desde lejos: “deberían llegar a un acuerdo, es culpa de los gobiernos corruptos, no hay solución”. Las guerras y conflictos solían ser los mismos que antes, pero el dinero externo nos dejaba claras las cosas. Aunque las guerras no solían ser ideológicas, el mensaje sí que lo era. Fue el mejor método para que las superpotencias aflojaran el bolsillo por tu causa. Eso nos ayudaba a escoger bando, era fácil atacar al otro imperialista o comunista. La guerra suele ser la misma, pero ya no entendemos nada. No hay solución ante tanta irracionalidad étnica (o religiosa, o tribal, o sectaria), y mejor pasar a otra cosa. Mientras, el país más preocupado e interventor en la guerra de Sudán del Sur está siendo China.

Palestina es fácil. Empezó durante la Guerra Fría y está claro a quien puedes apoyar y por qué. Funciona a la manera que nos gusta: o atacamos a los colonialistas israelís, o atacamos a los fundamentalistas islámicos (sustituto feo del “cáncer marxista”) palestinos. El conflicto es complicado. Escoger bando no. Es una guerra a la vieja escuela, como nos gusta. Con buenos y malos a los que apoyar. Mientras, miramos sin entender nada (o con cierta superioridad) los conflictos en Siria, el Congo, Irak, la India, Pakistán o Birmania.

Palestina nos lo deja fácil. Y eso nos gusta. Es lo normal.

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