Notas de un viaje sudamericano (I)

En 1879 las jóvenes repúblicas de Chile, Perú y Bolivia se enfrentan en una guerra por el control de los recursos naturales situados en la zona donde se cruzan sus tres fronteras. En un bando se encuentra la República de Chile, y en el otro, una alianza entre Perú y Bolivia. Este conflicto recibirá el nombre de Guerra del Pacífico, y se mantendrá durante años en la mente de los habitantes de estas tres naciones.

Más de 130 años después, uno puede cruzar sin necesidad de pasaporte internacional entre estos tres países, sólo con la cédula de identidad nacional. La situación de las tres repúblicas es bien diferente: Chile es el país más desarrollado, y con más crecimiento económico; Perú vive en la pobreza, aunque con perspectivas ascendentes; y en Bolivia se produce un fuerte cambio de modelo hacia nuevas formas de participación política y económica, con la miseria aún enquistada.

Estos tres países serán nuestra ruta, de un mes aproximadamente. Aunque en el blog lo iré contando en pequeñas píldoras y apuntes. Que no tanto describan como descubran. Curiosidades, más que tópicos. En resumen: notas de viaje.

09/02/14- Calama (Chile)

El avión nos lleva de Santiago de Chile a Calama. El aeropuerto está en medio del desierto: es tarde, sopla un viento fuerte y frío. A lo lejos las dunas reflejan colores rojos y negros, con el atardecer de fondo.

Buscamos un taxi: no hay buses que lleven desde el aeropuerto hasta la ciudad de Calama. Pero hemos salido los últimos del avión, y todos los taxistas han desaparecido. Miramos a nuestro alrededor,  buscando alguna señal, hasta que un todoterreno viejo se acerca y nos dice que subamos. Preguntamos precios, echamos una mirada al auto y al conductor, y dejamos las mochilas en la maleta.

Nuestro taxista clandestino se llama Marco. Nos ponemos a hablar del gran negocio de Calama: la minería y la extracción del cobre. Es la exportación más importante de Chile, y lo que hace ganar el pan a los habitantes de esta región aislada en el desierto. Los mineros trabajan en jornadas de 7+7: tienen siete días seguidos de trabajo y siete días libres. La mayoría de la población de Calama es fluctuante: se trata de inmigrantes peruanos y bolivianos que pasan esos primeros siete días trabajando en las minas chilenas, y vuelven los siete días siguientes a su país de origen. Eso genera un movimiento constante en la frontera, vigilada por gran cantidad de controles policiales atentos al tráfico de la droga.

Al entrar a Calama, nos rodean casas bajas, feas y polvorientas. La vida no es fácil en el desierto: por eso es considerada por el gobierno como zona franca, es decir, libre de impuestos para sus habitantes. Es una medida para incentivar la permanencia de la gente en estas zonas extremas de Chile: por ejemplo, en el sur del país, cerca de las zonas aisladas por los lagos o el hielo, también se aplica el concepto de zona franca.

Llegamos a la estación de buses, donde viajaremos hasta la población de Arica, para cruzar la frontera chileno-peruana. Nos quedan ocho horas de desierto. Bajo el manto de unas estrellas, que según dicen los astrónomos, en pocos lugares del mundo se pueden ver más intensamente que en los desiertos de Chile.
10/02/14- Arica (Chile) / Tacna (Perú)

Llegamos de madrugada a Arica, ciudad de paso de los inmigrantes peruanos, donde se acumulan los buses y los autos que quieren cruzar la frontera. Las calle principal de Arica es fea y turística, pero no nos interesa: nuestra dirección es hacia el mar.

La playa chilena está a la sombra del Morro de Arica, un gran cerro coronado por una gigantesca bandera chilena, que marca la pertenencia chilena del territorio. Durante la guerra del Pacífico, Chile conquistó este territorio fronterizo a Perú: esa inmensa bandera roja, blanca y azul lo recuerda a cada mirada que se alza hacia las montañas.

Aunque el cerro es chileno, el mar no tiene claro su nacionalidad. Después del reciente fallo del Tribunal de Justicia de La Haya, en una disputa entre Perú y Chile sobre la soberanía marítima, el tribunal dictaminó que parte del mar chileno pertenecía a Perú. Las bromas son recurrentes: si te bañas en el mar de Arica, siempre tendrás la duda si te mojan aguas peruanas o chilenas. Los carteles políticos tanto en Arica como en Tacna (la ciudad fronteriza de Perú) explotan este incendiario tema nacional.

Subimos al bus camino a Tacna, y vemos puestos militares, y controles y más controles. En la frontera hay revisión completa del equipaje. Al pasar la frontera, volvemos a sentarnos en el bus, mirando al paisaje idéntico, desértico, mientras dos señoras susurran en un idioma que no consigo identificar.

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