Entrevistando a Jon Lee Anderson, periodista de guerra del New Yorker

(Entrevista realizada junto a Carolina Julio, y publicada en catalán en la web de La Directa)

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Autoría: FILSA

“¿Has conocido alguna vez a un terrorista?” Jon Lee Anderson abre los brazos, mira a su contrincante, alza la voz y lo increpa nuevamente: “¿Los has visto?”. Luego, sin esperar respuesta, dispara un discurso sobre el islamismo fundamentalista. A Jon Lee Anderson no le gusta que lo contradigan. Menos sobre las experiencias que le ha tocado vivir.

La mesa sobre “Literatura y violencia en América Latina” en la Feria del Libro de Santiago alberga esta anécdota, que refleja, en alguna medida, la personalidad de este reportero. Pero no es la única. Jon rebate con argumentos y pruebas empíricas los asuntos en debate. Y de frente. Sin filtros. El periodista de guerra apunta y dispara la Taurus de su boca, porque más que palabras, su discurso es un bombazo en medio de la sala.

Conseguimos una entrevista con el hombre que hizo perfiles de Fidel Castro, Pinochet, Juan Carlos I, Hugo Chávez entre otros. El chaval que nació en California (USA) pero que pasó su infancia viviendo en lugares tan variados como Corea del Sur, Colombia, Taiwan, Indonesia… Y que, de mayor, siguió recorriendo el mundo por los lugares donde se oía sonido de balas, para luego explicarlo al mundo desde las páginas del New Yorker. A Anderson le gusta el debate y la charla apasionada y, al final, quien nos había prometido solo 10 minutos de su tiempo, terminó hablándonos casi por media hora. Charlamos de América Latina, la guerra, el miedo, la literatura y el futuro con uno de los grandes.

De la guerra, sus encantos y desencantos

P: ¿Cómo informa el reportero de guerra sobre los nuevos cambios bélicos, como los drones teledirigidos o la ciberguerra?

R: Ésta es la nueva polémica. Lo cubre sobre todo el periodismo de datos y de investigación. Yo he visto drones: entran en el relato de mis crónicas si lo considero necesario, pero no es el tema principal. No han reemplazado a la otra guerra.

Los drones se utilizan en países como Pakistán y Yemen, dónde hay una fuerte presencia de Al Qaeda pero EEUU ha decidido no mandar tropas. En estos países, los gobernantes “chillan” cada vez que hay un ataque con drones, pero se opera en base a un acuerdo secreto y tácito donde EEUU me mata al “malo” pero yo reivindico a gritos mi supuesta soberanía ante la población.

P: ¿Cómo se informa sobre la guerra asimétrica, donde un ejército regular se enfrenta a individuos aislados e imprevisibles?

R: En mi labor de periodista, yo he informado de diferente manera según las circunstancias. Hasta el año 2006, yo pude operar unilateralmente en Afganistán como hice siempre, andando entre los afganos. Entonces, volvieron a surgir los talibanes, que ya tenían la experiencia de la OTAN sobre el terreno y habían pasado por la “escuela” de Al Qaeda, donde aprendieron a hacer bombas suicidas para la Yihad. En ese momento vi que era cada vez más y más difícil operar como un individuo occidental independiente en Afganistán. La última vez que viajé, en 2010, apenas pude trabajar entre los afganos. Tuve que “enquistarme” al ejército norteamericano y sólo pude hablar con afganos que trabajaban con ellos. En el caso de la invasión de Afganistán, el país ha quedado en manos de un gobierno títere. El primer objetivo para EEUU es derrocar a Al Qaeda en la zona y seguir peleando contra el islamismo.

Las guerras del Medio Oriente han hecho que para los periodistas occidentales sea casi imposible operar como habían hecho antes, ya que se han convertido en objetivos militares, o bien de secuestro o bien de ejecución.

P: ¿Cuáles son tus miedos cuando vas a la guerra?

R: Ser capturado y torturado hasta la muerte. Es mi miedo principal, una realidad y un riesgo real.

P: ¿Cómo haces el balance de lo que puedes hacer o no? ¿Cuánta temeridad puede haber en tus acciones?

R: Soy un poco como el marinero que huele el aire para ver de dónde sopla el viento. A veces no puedo hacer más que eso. Por instinto. He aprendido que es muy bueno seguir a lo que sientes en tus vísceras. Y nunca ir a un lugar donde no conozcas a nadie, donde no haya nadie que pueda explicar tu presencia en el idioma local.

Latinoamérica, el pueblo al sur del mundo

P: ¿Cómo analizas el fenómeno que se está dando en Latinoamérica de los “nuevos gobiernos progresistas”?  Porque tu postura es más bien crítica con el tema… ¿cuál es tu análisis general?

R: ¿Mi escritura es crítica con el tema? Antiguamente, cuando yo era amigo de Chávez, me daban palos todos los antichavistas y desde que yo critiqué lo que estaba pasando en torno a la muerte de Chávez, se supuso que yo era un crítico de todos los regímenes progresistas. ¿Llamarías al régimen de Ecuador progresista, cuando acaba de entregar el “Yasuni rainforest” a los chinos y reprime a los periodistas?

P: Me refería a que eras crítico ya que no planteas todo como luces, sino que haces un balance entre luces y sombras.

R: Yo digo las cosas como son. Por más que sean de izquierda o de derecha

P: Pero, ¿cuál es tu visión acerca de estos gobiernos?

R: ¿Cuáles gobiernos?

P: Los latinoamericanos…

R: ¿Cuáles regímenes? Hay un arcoíris de regímenes.

P: Los que están, por ejemplo, en el lado del ALBA.

R: ¿Incluyendo a la ópera bufo de Cristina? Es una mujer que dice ser de izquierdas y que tiene el mérito de haber puesto a los militares en la cárcel, pero no haber por haber hecho eso, la disculpo de lucrar con el poder. Es una especie de Imelda Marcos, nacida en el sur y que ha entregado parte de la economía a un hijo de ella, que nadie eligió. Me parece una burla, eso no es política progresista.

No estoy de acuerdo que consorcios mediáticos hayan llevado la batuta programática por décadas. Al menos deberían compartir el espacio con otros medios, y eso me parece buena idea. Pero la noción de un estado ideologizado, nacionalizando, confiscando u ocupando el espacio en lugar de  dejar realmente libertad de expresión me parece un error histórico. Los hemos visto en el pasado en los regímenes totalitarios, tanto de derechas como izquierdas, en los mediados del siglo XX, y lo están haciendo en varios países de esos llamados progresistas. Yo reconozco que el grupo editorial “Abril” en Brasil es una mierda. “Veja” y éstos de derechas son una mierda. Pero la mejor forma de sanear el ambiente en Brasil es creando un periodismo competitivo dentro de un espacio libre. Haciendo la guerra contra grupos específicos se termina por amedrentar a periodistas y cohibir la libertad de expresión, y eso es lo que está ocurriendo. Es el efecto por más que no lo vean así.

En términos generales percibo la aparición de regímenes más populares que reivindican más soberanía económica como un acontecimiento histórico natural. Lo veo como una lógica histórica, sobre todo a raíz de la década anterior latinoamericana.  Cuando Menem vendió el país y se lo “embolsilló”, eso fue la pauta en toda América en la década de los 90, el festín en el que se privatizaba todo…Quien puede culpar al ciudadano por pensar que la democracia está vinculada a la corrupción.

Pero también creo que en el caso de Venezuela se tiene una visión muy por encima y no se ha calado en el desastre obvio que es el modelo de la llamada revolución bolivariana, por el colapso inevitable de ese gobierno y todo lo que implica para Venezuela.  Eso se demuestra en que la última década apenas dieron espacio una democracia lasseiz faire, liberal y pasajera. No trabajaron lo suficiente para crear sociedad cívica, instituciones duraderas y estado de derecho.

Hay algunos países que nunca lo han logrado, como México, que nunca ha establecido un estado de derecho pleno y una administración política legítima a los ojos de todos los ciudadanos. Por eso se matan tanto. Sigue siendo un país de caciquismos, como podríamos haber visto en el siglo XIX,  sanguinario y corrupto, por más que una parte del estado es democrático.

Vivimos en tiempos raros, donde los nacionalismos no son como los percibimos antes. En Pakistán una parte del estado sí es como la gente, no quieren matar a nadie, quieren las cosas bien; y otra parte del estado desgastada, que son sanguinarios, extremistas, y trabajan en contra del otro sector del estado. México es así, Rusia es así, Siria es así, varios países centroamericanos son así.
No se puede hablar blanco y negro sobre los gobiernos progresistas, del gobierno de la ALBA: hay tintes.

En general, yo tengo buena opinión de Mujica, más o menos buena opinión de Evo. Puede terminar en un desastre, pero era importantísimo, de manera histórica, que en un país de mayoría indígena, uno de ellos llegara al poder y gobernara. Puede acabar mal, pero no me consta que lo vayan a hacer, y esperemos que no. Su proceso es de gran importancia. Muy lejos está Guatemala de llegar a algo cercano a eso, y debería hacerlo. El día que un quiché sea el presidente del país, y no un quiché capataz de una de las haciendas, será un día grande para Guatemala.

Las grandes obras de la literatura de guerra

P: ¿Cuál es el libro de ficción y el libro de no ficción donde ves mejor reflejado el fenómeno de la guerra?

R: Woow… (Queda pensativo durante treinta segundos, debatiéndose en voz baja) De no ficción me viene a la mente “Dispatches” de Michael Herr. Es una muy buena crónica de guerra sobre la experiencia norteamericana en Vietnam. Es la visión de un hombre norteamericano, desprovisto de bagaje ideológico, que describió la acción y la cultura de la guerra vistas desde un bando. Generalmente pasa que en las guerras civiles, y en las guerras en general, es muy difícil cambiar de bando, y más aún cuando el país propio es uno de los protagonistas bélicos. Durante toda mi carrera he intentado estar con ambos bandos, y no ser necesariamente un socio ideológico de mi país. No es fácil, pero creo que eso es lo que ha caracterizado mi carrera y mi vida.

(Se queda pensando diez segundos más)

También me gustó mucho como crónica de guerra “Homenage to Catalonia” de George Orwell.

Como libro de ficción, que leí hace años, me afectó mucho “All quiet on the Western Front” de Erich Maria Remarque. También me impactó un libro corto llamado “Johnny got his gun”, de Dalton Trumbo. Todo el libro está escrito desde el punto de visto de un hombre que ha perdido todas las extremidades en la guerra, un vegetal.

P: En una de tus charlas en esta misma feria, dijiste que si no hay una implicación nacional de los escritores en la guerra, donde su país participe, es muy difícil que aparezcan las grandes obras de la literatura, como sucedió con los grandes escritores norteamericanos en Vietnam. Parece que ahora EEUU está temeroso de enfrascarse en nuevas guerras, como hemos visto en el caso de Siria. ¿Las grandes obras aparecerán de periodistas o escritores locales?

R: Eso espero. Hay grandes escritores sirios que no están escribiendo en estos momentos: el resultado lo veremos después de la guerra. Pero también hay un montón de gente “sin nombre” escribiendo. Para publicar grandes obras debe acabar la guerra. Por ahora tienen que estar cabizbajos, y muchos están escribiendo diarios personales.

Yo conozco a un hombre muy culto – del que no quiero dar su nombre – que vive en Damasco. Es un novelista traducido a otras lenguas, que vive muy apasionadamente la tragedia de su país. Estoy seguro que su próxima obra saldrá de la guerra, si es que sobrevive.

«Cuando se hace una entrevista hay que estar preparado para la guerra, aunque se utilicen mecanismos amistosos»: Jon Lee Anderson.

 

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