Paseos por el París latinoamericano (I): de libros y cementerios

Buenos Aires es una ciudad de cultura. Puede ser insegura, desordenada, pasional, sucia… pero conozco pocos lugares donde cada vez que entras en un café veas a dos o tres personas con un libro en la mano. En todos los locales donde entré se dio esta situación, a la vez anacrónica y esperanzadora.

La calle Corrientes es el paraíso de los lectores. Tres de cada cinco tiendas son librerías. Se turnan los locales tradicionales, de libros nuevos y limpios; las tiendas polvorientas y antiguas, donde buscar reliquias pasadas es una actividad microscópica y paciente; y los almacenes llenos de carros, donde en vez de ropa de segunda mano, se amontonan caóticas montañas de libros usados.P1080432 P1080433
Encontrar un libro nuevo es fácil y rápido. Para viajeros atrasados en su ruta, es lo mejor. El personal de las librerías suele enterarse del tema, y sabe encontrar la obra deseada con una facilidad sobrenatural, entre una gran pila sin orden ni numeración alguna. Para la gente con tiempo, o los talibanes de la lectura, es mejor que tus ojos recorran de arriba a abajo las viejas estanterías, escudriñando con la mirada cada tapa de título desgastado y borroso. O ensuciar los dedos con el polvo acumulado en las filas de obras y obras apretadas entre sí. Cuando encuentras tu reliquia, la agarras fuertemente mirando hacia los dos lados, en busca de algún bucanero porteño que quiera robarte este tesoro con el que te tropezaste por casualidad en la playa. Cuando el mareo provocado por tantos títulos y el polvo danzante te supera, vas hacia el mostrador, donde preguntas a la joven dependienta sobre el acierto del título escogido. Te suelta alguna anécdota o dato interesante de tu viejo tesoro, y la miras, a la vez contento de tu habilidad electiva, pero al mismo tiempo cabreado por no saber cómo coño saben tantas cosas estos argentinos.

Me compré algo, pero dejé muchos tesoros a metros bajo la arena:

Los pasos te guiarán al cementerio de la Recoleta. Entre la cultura, el psicoanálisis y el fútbol se suele colar la muerte. Y las grandes estatuas y nichos y puertas hablan por sí solas, de una grandeza que muere de vieja o una decadencia que vive eternamente en un sueño bohemio.P1080479 P1080480 P1080482 P1080484 P1080486 P1080487 P1080488 P1080490

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2 pensamientos en “Paseos por el París latinoamericano (I): de libros y cementerios

  1. Aquí te dejo un pequeña reflexión del escritor argentino Ernesto Sabato sobre la naturaleza
    de la cultura argentina, a ver si coincides con su parecer:
    Fracturada la primitiva realidad hispanoamericana en esta cuenca del Plata por la inmigración, sus habitantes venimos a ser algo dual, con todos los peligros pero asimismo con todas las ventajas de esa condición: por nuestras raíces europeas vinculamos de modo entrañable el interior de la nación con los perdurables valores del Viejo Mundo; por nuestra condición de americanos, a través del folclore interior y el viejo castellano que nos unifica, nos vinculamos al resto del continente, sintiendo de algún modo la vocación de aquella Patria grande que imaginaron San Martín y Bolívar.

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