La democracia como castigo

Escribía Gregorio Luri hace unos días en su blog una frase bien cierta: “El problema de España es que no hay español que no se sienta moralmente superior a su país”. Como país podemos entender a nuestros representantes políticos o a nuestros conciudadanos, aunque en verdad acaben siendo lo mismo. En nuestra sociedad multicultural, la arrogancia puede ser más fuerte contra el vecino más cercano que con el lejano. Es más fácil (y políticamente correcto) sentirse moralmente superior al “choni” de “Castefa”, que superior al jornalero de Rabat. Quizá porque nuestro “cosmopolitismo liberal” encierra la ironía de ver al “otro cultural” como un aparte al que no debemos someter a nuestro juicio moral. Y ese, irónicamente, es el más grande de los racismos.

Pero hablábamos de otra cosa. Llevo tiempo viendo “The West Wing”. A quién no la haya visto y le guste la política, se la recomiendo. En esa serie los gobernantes son grandes, listos y buenos ciudadanos. El presidente es un premio Nobel de Economía, por poner un ejemplo. Es un gobierno al que confiaríamos nuestro destino, por las grandes cualidades de sus miembros. Son el paradigma utópico de aquello llamado la “democracia gobernada”, donde los ciudadanos votan a unos representantes que harán lo que quieran, sin presiones populares, porque ellos saben más que los propios ciudadanos y lo harán mejor. Y en el caso de “The West Wing”, yo cedería amablemente mi soberanía ante tales portentos intelectuales. El problema (y la gracia) de la serie es que traza una línea imaginaria entre gobernantes y pueblo, en función de su grandeza moral y intelectual. Y eso acaba siendo una de las más grandes mentiras.

Ni los gobernantes suelen ser más listos que los pueblos, ni los pueblos más listos que los gobernantes. Pero al ceder poder a unos pocos, nos libramos del deber de la responsabilidad y ganamos el placer de la crítica. Los gobernantes no se diferencian demasiado de sus pueblos, y eso nos lleva a pensar que una democracia más directa no destruiría los vicios actuales. Quizá sustituiríamos nuestra crítica de los políticos por la crítica de nuestros conciudadanos. Pero aún así, el tener que tomar las decisiones y vivir en carne propia los errores, nos haría preocuparnos menos por criticar al otro y más por esforzarnos a tomar buenas y meditadas decisiones. El problema actual es que tenemos que resignarnos con la primera e infantil opción.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s