El patriotismo en una paella

Pasearse por el Barrio Italia de Santiago de Chile es un placer. Uno siempre va caminando por el centro de la ciudad, llena de coches, suciedad y paradas de completo más bebida a mil pesos, donde los urbanitas respiramos vehementemente el delicioso aire de Santiago, tan turbio que no deja ver las montañas que hay justo delante. O si queremos pijear más, pateamos por la zona de Sanhattan, donde la densidad de rascacielos por kilómetro cuadrado no tiene nada que envidiar a ciertas ciudades estadounidenses. Y donde los edificios exhiben números y flechitas digitales verdes y rojas, que no dejan de subir y bajar, en un intento de hacer notar al paseante que Wall Street es omnipresente. Pero cuando nos cansamos, hacemos lo que todo urbanita quiere, y como no tenemos pueblo al que ir a achicharranos al sol, porque somos inmigrantes apátridas del otro lado del Atlántico, pues nos vamos a Barrio Italia.

Nos gusta, porque las casas son pequeñas y bonitas, hay hierba y árboles al estilo europeo, se amontonan restaurantes de todas las nacionalidades del Viejo Continente, y puedes cruzar las calles sin demasiado miedo a ser atropellado por un autobús desprevenido. Entre estas calles, nos sentimos más europeístas que Hollande, Rajoy y Merkel juntos y en botella.P1080322
Barrio Italia nos gusta porque podemos entrar a un bar donde un barcelonés te regala una tapa por cada caña que pides, y no tienes que plantearte el dilema sobre si estás en un restaurante catalán o español, ya que la distancia y el olor a paella que nos llega crea una deliciosa pausa en medio del debate nacional. Nos preocupamos de si hay curro en Santiago, de cuánto tiempo nos quedaremos, de qué echamos de menos… Somos esos inmigrantes ecuatorianos que pueblan los bares del barrio de Sagrada Familia en Barcelona, que veíamos tan lejanos y tan extraños por su incomprensible necesidad de unirse a comer bajo un mismo techo. O esos marroquíes que hablan de sus lejanas familias bajo el portal de la mezquita, que actúa más de centro social que de centro de culto. Nos sentimos inmigrantes, y nos gusta, y queremos que los chilenos, y mexicanos, y yankis que vamos conociendo conozcan nuestro techo y que también compartamos el suyo.

Finalmente, llega la paella, y cuando tomo la primera cucharada, siento una sensación a la que podría llamar patriotismo. Porque cada uno lo vive como quiere, y si a mí me da la gana, pues me lo como en paella.P1080321

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2 pensamientos en “El patriotismo en una paella

  1. m’encanta llegir el teu blog i m’encantarà que m’expliquis tantes coses. Espero que hagis pensat almenys en mi en lo de sagrada familia, haha.
    Un petó molt fort javi!!

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