Mi llegada a Chile

Escribo esto con un té en la mano y una resaca hecha a base de pisco, ron barato y jet lag, por tanto, discúlpenme si el estilo o la coherencia es completamente estúpida. Tomé el avión el jueves por la tarde (otro día os explicaré porque he utilizado el verbo “tomar” y no “coger”). Despedida rápida con la familia, lío con el check-in pero finalmente me siento en el vuelo Barcelona- Madrid. Allí conozco a un peruano de sesenta años con nacionalidad argentina, que fue militar en la Marina y trabajó de ginecólogo en España. Me dice que nunca ha practicado un aborto por principios (el debate sobre este tema está candente en Latinoamérica). Tiene pinta de narco venerable, y la conversación a veces se bloquea porque le faltan casi todos los dientes y no entiendo la mitad de lo que dice. Llegamos a Barajas, nos despedimos, me dice que me enviará una postal desde Perú y le hago una foto:P1080278El vuelo Madrid-Buenos Aires se retrasa una hora (salimos a la una de la noche) y no nos sirven la cena hasta las tres. Me voy a dormir hacia las cuatro y media, y me sirve un poco para ir compensando el jetlag. En el aeropuerto de Buenos Aires conozco a una chica de Sant Cugat que va a visitar a su novio, que corre el Dakar y vive en Santiago. Nos toca asiento paralelo en el avión y me da los cuatro consejos para todo novato en tierras chilenas. Al salir (y ya pisando tierra chilena) quedamos en vernos fuera y coger un taxi compartido, ya que a ella le han extraviado las maletas. En el control de entrada conozco a dos chicas que también vienen de intercambio, una de Pamplona y la otra de Bilbao, pero yo, aplicando mentalidad Euskal Herria (y vagancia) les digo que las dos son vascas. Están en una residencia cercana a la mía, y decido que mejor tomo el taxi con ellas. Nos cuesta unos 11 euros a cada uno (es un taxi grande para llevar muchas maletas). Llegamos a la comuna (barrio) de Providencia y quedamos en ir a comer un día juntos.

En la residencia conozco por fin a mi amiga “virtual” tarraconense Clara. Me sirve de guía para todo lo que tengo que hacer, y ya de llegada se ve que esta noche nos vamos de fiesta. Compramos ron barato, coca-cola y litrona y nos sale a unos ocho euros (más barato que en Barcelona). La fiesta es en la terraza de un rascacielos de 21 plantas. Hace un frío terrible pero las vistas de Santiago son impresionantes (aunque la contaminación también lo es):

Autoría: Clara Tarragó

Autoría: Clara Tarragó

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Autoría: Clara Tarragó

Me dan vino chileno y pisco con Sprite. Me gusta más lo segundo: está muy bueno y sale más barato que el ron. Me engatusan para tomarlo solo y tiene sabor a aguardiente. Hacemos los perreos latinos pertinentes con el reaggeton (que no se diga que no me integro en la cultura autóctona) aunque me dicen que bailo muy rígido, sin menear el cuerpo. Que desgracia.

Me levanto hoy con una resaca bastante épica y me voy a hacer unas gestiones durante toda la mañana. Me compro para comer la típica empanada chilena (llenan bastante) y me sale por un euro y medio.

Hay muchos detalles y cosas graciosas que explicar, por ejemplo, como cambian las palabras, como funciona la numeración de las calles o la obsesión malsana que tienen por la seguridad. Pero eso ya lo explicaré en otros posts. Permanezcan atentos.

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