Por qué todos admiramos a Barney Stinson (una explicación psicoanalítica)

Todos aquellos que pasamos las horas viendo sitcoms americanas, esos deliciosos placebos de 20 minutos de evasión, hemos pasado inevitablemente por los brazos del venerable Barney Stinson. El auténtico protagonista de la famosa serie Cómo conocí a vuestra madre, que nos ha deslumbrado horas y horas con su excéntricas artes seductoras, su personalidad extravagante y su hiperactiva búsqueda de diversión. Nos quedamos embobados, con media sonrisa colgando en la cara, cuando Barney consigue a las neoyorquinas más guapas con un par de frases, se inventa juegos de palabras absolutamente estúpidos pero tremendamente divertidos o se auto-propone retos imposibles en un afán de superación narcisista. Pero, dejando de lado el magnífico papel de Neil Patrick Harris, ¿por qué todos alguna vez hemos pensado “quiero ser como Barney Stinson”? La respuesta nos la pueden dar un viejo judío obsesionado con el sexo y un esloveno despeluchado plagado de tics paranoicos.

Nuestro sexual amigo semita no es otro que el famoso psicoanalista Sigmund Freud. Este viejete austríaco que se atrevió a psicoanalizar (claro está, a distancia) a personajes históricos como Leonardo Da Vinci, Dostoyevski o el mismo Moisés, se inventó una teoría llamada del Padre edípico, donde explicaba por qué motivo los ciudadanos de su época actuaban de manera socialmente aceptable. Parece que a Freud le gustaba contar historias gore y un día le cogió por explicar el siguiente mito: hace mucho tiempo (en la prehistoria, concretamente) había un macho dominante, fuerte y violento que tenía el derecho exclusivo sobre todas las mujeres y que podía matar a sus hijos si desafiaban su autoridad. Vamos, un patriarca de la vieja escuela. Un día los hijos, cansados, decidieron gastarle una broma pesada y no se les ocurrió nada mejor que matar a su padre, y al ser una tarea tan difícil y cansada, se ve que les cogió hambre y, de paso, se lo comieron. Al verse liberados de la autoridad paterna, a estos violentos jovenzuelos les cogió miedo a la libertad, y decidieron inventarse al Padre edípico, una figura imaginaria que ejercía la misma autoridad que el progenitor devorado, pero sin ir violando mujeres ni arrancando la cabeza a sus hijos. Algo parecido a las leyes, el Estado o los mercados financieros: cosas que realmente no existen, pero en las que todos nos ponemos de acuerdo para que funcionen.

Dejando de lado a nuestro morboso amiguete Freud, nos plantamos con el camarada psicoanalítico-marxista Slavoj Zizek. ¿Qué dice Zizek? Pues que el Padre edípico sigue presente entre nosotros pero utiliza métodos diferentes. Antes, el Padre era autoritario y nos decía: debes hacer esto porque yo lo mando. Ahora, según la teoría de Zizek, el Padre postmoderno nos dice: has de hacer lo que te digo, y además te ha de gustar hacerlo. Zizek pone el simpático (y a la vez terrible, por que todos nos hemos encontrado con él) ejemplo de la abuela. El Padre autoritario decía: has de ir a ver a la abuela porque te lo digo yo. El Padre postmoderno nos susurra: eres libre de hacer lo que quieras, pero creo que a la abuela le haría mucho ilusión que la fueras a ver. La última frase incluye una propuesta que, realmente, estamos obligados a hacer, pero que formalmente parece libre, y además, ha de contar con nuestra buena voluntad y alegría en el hecho de hacerla.
Ahora es el momento en que el lector piensa cabreado: este tío ha puesto “Barney Stinson” en el título para que yo leyera el artículo y ahora me está explicando las mamarrachadas de dos pajilleros mentales. No se preocupe, ahora vamos a (o intentaremos) relacionar las cosas.

¿Qué nos dice el Padre postmoderno bajo el capitalismo actual? ¡Disfruta! ¿Y qué representa Barney Stinson? La perfecta sumisión y seguimiento de las órdenes del Padre. Nos gusta Barney porque cumple a la perfección el mandato hedonista de la sociedad actual. Por que él es el hijo preferido del Padre, y nuestra admiración no es más que envidia ante el predilecto del patriarca postmoderno.

Observemos a Barney. ¿Qué hace durante todo el día? Se divierte. Su modo de vida es un disfrutar constante y sin tregua (siempre moderado, sin llegar a los extremos del drogadicto, que se excede en esta búsqueda de deseo). El mandato divino es siempre estar disfrutando, gozando de lo que hacemos, pero sin excedernos en ningún momento. ¿Qué “deporte” practica Barney? El laser-tag, donde no hay posibilidad de sufrimiento físico ni de riesgo alguno en su ejecución pero, que conserva el deseo del triunfo y la competencia. Porque el exceso podría significar la muerte, y la muerte abortaría la reproducción del deseo. ¿No vemos en Barney, con su obsesión metódica (a la hora de ligar, de divertirse) la reproducción de una cadena de trabajo enfocada al deseo? En Barney el deseo no es un camino a la felicidad, sino el deseo es el final mismo.

La sociedad capitalista postmoderna nos exhorta al consumo, al sexo, al juego… El único objetivo de la vida es el goce. Incluso cuando en algunos momentos de la serie Barney deja de ser un ligón para “sentar cabeza”, nunca deja de lado su acción hedonista (incluso arrastra a su pareja hacia ese tornado del deseo). La pareja aparece como una nueva etapa (más espiritual) de consecución al deseo (aunque, en el fondo, todos nos sentimos un poco decepcionados cuando Barney abraza la monogamia: pierde la pureza estética de la acción hedonista).

Para Barney, gozar acaba siendo un imperativo moral, algo obligatorio. Cabe recordar un capítulo donde Barney está enfermo, y eso le aterroriza fuertemente: no puede seguir con su cadena de diversión y ha de descansar, es decir, dejar de gozar o incluso sufrir. La enfermedad le muestra incluso la cara de la vida que nunca querrá asumir: la vejez. La “herencia del 68” hedonista y el culto a la juventud, mezcladas con el capitalismo contemporáneo, son las bases del pensamiento Stinson. Otro detalle: nadie verá en ningún capítulo “vaguear” a Barney. La hiperactividad en la búsqueda del placer es lo opuesto a la pasividad “enferma “ y desgraciada del que no hace nada.

Barney tiene que divertirse. El Padre le da la orden, y él, con una máscara hecha sonrisa, la cumple de rodillas. Porque en su caso, la libre elección incluye una orden aún más fuerte.

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2 pensamientos en “Por qué todos admiramos a Barney Stinson (una explicación psicoanalítica)

  1. ¡VAYA! Cómo conocí a vuestra madre no es nada hipster, pese a que a todos los hipsters os guste. (Además de bastante mala, sobre todo después de las primeras temporadas, con un Barney insoportable, al igual que el resto del elenco protagonista, unos guiones sosos y predecibles y una trama agotada de tanto estirarla). Por lo demás, sigues en tu recorrido inflado con menciones culturales de bachillerato que pretenden ser intelectuales. Da la sensación de que primero se te ocurren un par de autores importantes a los quieres nombrar y luego a partir de ahí desarrollas la tesis principal del post, en lugar de tener una tesis y apoyarte en diversos autores para probar que no andas equivocado.

    Saludos.

  2. A mi me divierte la serie.

    Te repito que no soy un intelectual. Simplemente leo sobre alguna cosa, encuentro una relación y escribo sobre ello. Aquí, por ejemplo, las teorías de Zizek sobre el capitalismo postmoderno cuadran mucho con la figura de Barney.

    Como veo que criticas el post, estoy seguro que has leído a Zizek. ¿Qué fallos encuentras en lo que he escrito?¿Y cuál es la obra de Zizek que más valoras?

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