El “Gran terror” soviético no fue como nos contaron

(Publicado en Esglobal)

stalin_poster

El 25 de febrero de 1956, durante el XX Congreso del Partido Comunista Ruso, el líder soviético Nikita Jruchov denunció a puerta cerrada los crímenes cometidos por Iósif Stalin durante el llamado “Gran terror”, en el que se ejecutaron a 750.000 personas y se deportaron a más de un millón a los gulag (campos de concentración soviéticos), entre 1936 y 1938. Jruchov apuntó al culto a la personalidad y al excesivo y cruel poder de Stalin, que buscaba eliminar a sus rivales políticos, como causas de esa matanza política. Doce años después, el historiador Robert Conquest respaldaría esta tesis, basada en la mentalidad sádica del dictador y sus ansias de eliminar a todo aquel que pudiera rivalizar con su poder, con el objetivo de hacerse con el control absoluto del Partido. Cuando se abrieron los archivos secretos del gobierno en los 90, una vez caída la Unión Soviética, los historiadores descubrieron que buena parte de la narrativa que habían sostenido estaba equivocada.

El libro El gran miedo, del historiador James Harris, es fruto de estos documentos desclasificados. En base al nuevo material descubierto, Harris niega —oponiéndose a Conquest— que el “Gran terror” de Stalin fuera un intento de consolidar su poder. Más bien —explica— fue fruto del instinto de supervivencia del líder, atemorizado por los complots internos y externos que creía que se planeaban contra él. Las matanzas de antiguos bolcheviques y miles de ciudadanos inocentes, defiende Harris, no fueron fruto de una personalidad sádica o paranoica de Stalin, sino de un cúmulo de fallos —algunos inherentes, otros evitables— del propio sistema soviético, que llevaron al siniestro período de finales de los 30. Un camino al horror en el que estuvieron involucradas casi todas las élites del Partido, tanto de alto rango como locales; los servicios secretos, con especial gravedad; y buena parte de la sociedad soviética, que participó activamente en estas dinámicas. El relato jruchovista de un sólo culpable, Stalin, era reconfortante, y evitaba que el peso de la culpa cayera sobre amplias capas del Partido y pusiera en duda el sistema. El gran acierto de “El gran miedo” es hilar todo este relato de manera convincente y sólida, utilizando los documentos desclasificados para refutar las teorías tradicionales de Conquest. Pese a algunos momentos en que los saltos temporales y la sucesión de hechos crean cierta confusión, el estilo general es claro, al modo anglosajón. En poco más de 200 páginas, Harris explica de manera absorbente la evolución de la violencia política soviética hasta su máxima expresión, el “Gran terror”.

Desde el inicio de su obra, Harris inserta la dinámica de este terror político dentro de la larga tradición de inseguridad crónica de las élites rusas. En el caso bolchevique, la mentalidad conspirativa de sus dirigentes venía marcada desde la etapa zarista, donde todo compañero podía ser un espía infiltrado por el monarca. El uso de la violencia descarnada para desenmascarar al enemigo oculto se expresó con toda su fuerza durante la Guerra Civil Rusa, en la que la Cheká, la recién creada policía secreta, empezó a realizar ejecuciones masivas, de carácter extrajudicial, sin tan siquiera buscar pruebas ni realizar interrogatorios antes de eliminar a sus detenidos. El peligro de los enemigos infiltrados en un contexto de guerra justificaba, según los bolcheviques, todas estas acciones…

(Sigue leyendo)

La utopía (fracasada) de Mao tenía un precio: 45 millones de muertos

(Publicado en Esglobal)

pc-1958-024

El Gran Salto Adelante es la mayor prueba histórica de los peligros del optimismo. Esta etapa del régimen maoísta, de 1958 a 1962, pretendía que un país atrasado como China alcanzara niveles de desarrollo superiores a los de los países occidentales, en dirección a un paraíso comunista. No lo consiguió, y dejó una estela de 45 millones de muertos -la mayor catástrofe producida por el hombre- causados por un sistema militarista donde se condenaba al más débil a morir de hambre, donde toda salida de la ortodoxia era cortada con violencia y en el que las condiciones de vida se asemejaban al esclavismo más cruel.

El historiador Frank Dikötter explica esta etapa en su potente libro La gran hambruna en la China de Mao. Las tesis de Dikötter quedan claras, además de apoyadas por la gran cantidad de documentos a los que ha tenido acceso (aunque, nos advierte, los más importantes siguen bloqueados por el Partido Comunista, y no parece que esta situación vaya a cambiar pronto). Todo hecho relatado en el libro está justificado por múltiples documentos y ejemplos, lo que a veces ralentiza y cansa la lectura, pero encuentra justificación en el objetivo que tiene el autor: escribir la obra más completa y exhaustiva sobre el Gran Salto Adelante, cosa que consigue. Pese a la inmensidad de datos y hechos, el estilo favorece la lectura y el interés, especialmente cuando se relatan las luchas internas en el Partido Comunista, las delirantes políticas llevadas a cabo en esta etapa o las tragedias particulares que ilustran la bestialidad de la época. Al acabar el libro, uno quiere comprar cuanto antes los libros de Dikötter dedicados a la Revolución Cultural y a los primeros años del Gobierno de Mao.

Dikötter sitúa el inicio del Gran Salto Adelante en la “campaña de conservación de aguas” que Mao Zedong decidió llevar a cabo en 1958. El objetivo era crear grandes presas y desviaciones de agua que generaran nuevas zonas fértiles y mayor productividad agraria. El resultado fueron centenares de proyectos megalómanos e inservibles, fruto de un entusiasmo frívolo que movilizó a inmensas cantidades de población para construir obras de ingeniería que apenas se habían estudiado. Uno de cada seis chinos estaba cavando tierra durante esa etapa, en un régimen de vida cercano al esclavismo. Las diferentes provincias rivalizaban por ver cuál de ellas era la que más tierra había removido, en un afán de competición para satisfacer a sus superiores, aunque -en muchos casos- todo ese esfuerzo humano no tuviera función práctica alguna. Estas cifras eran usadas por el Gobierno como datos propagandísticos de cara al exterior, para demostrar la presunta superioridad del modelo socialista. El dato más repetido era el de la producción de acero, realizada en pequeños hornos que se construían en cada pueblo, donde los dirigentes locales fundían todo tipo de objetos cotidianos requisados (sartenes, camas, puertas, clavos) con el objetivo de aumentar la producción. Lo mismo se hacía con la agricultura, expropiando los techos de casas campesinas – hechas de paja y barro- para usarlos como fertilizante en los campos. Como consecuencia, entre un 30 y un 40% de las viviendas de China fueron destruidas durante esta etapa. Las medidas para conseguir cotas más altas eran delirantes: en varias aldeas de Guandong, se obligó a las mujeres a raparse el pelo para usarlo como abono en los campos…

(Sigue leyendo)

A les fronteres obreres del Primavera Sound

(Escrit a Públic)

5934259f9706f

 

A l’entrada del Primavera Sound s’observen escenes belles i inaudites, que demostren el talant europeista de Barcelona. Un centenar de joves s’asseuen en rotllanes a les portes del Fòrum i, emulant als seus veïns alemanys o anglesos, decideixen que l’hora de la borratxera se situa entre les 5 i les 6 de la tarda, i que s’ha d’anar per feina. El quadre és sublim: quatre joves fent la mescla de ron cola al costat de cinc mossos d’esquadra que riuen i xerren, mentre la brisa arrossega un lleuger aroma a porret. A les portes del Primavera tot és alegria.

Cada cinc minuts, el metro deixa anar un grup d’unes trenta persones que, llauna de cervesa en mà, camina amb jovialitat per la Rambla Prim, eix divisori entre la zona de Selva de Mar i La Mina, barris de memòria obrera i barraquista. El contrast és interessant: un estranger que porta el cap rapat -excepte per un petit floc negre a la part posterior del crani-, braços tatuats i un mostatxo dalinià, engoleix cerveses assegut davant de dos iaios de camisa ratllada de màniga curta, i sublim barret estiuenc. Un grup de noies blanques i nòrdiques, coronades amb flors i amb purpurina a la cara, es creuen amb la mare «choni» -quasi de la seva mateixa edat- que passeja el cotxet tota vestida de xandall negre. A pocs metres del recinte del Fòrum, els festivalers mesclen cubates asseguts a l’herba del Parc del Camp de la Bota, on -fa uns 75 anys- el franquisme va executar més de 1.700 presoners de guerra.

En general, l’aspecte de la gent que va al Primavera no és gaire diferent al de la gent que va a la platja. També és veritat que l’excentricitat abunda i crida l’atenció: de les noies xineses de cabells multicolors al moreno musculós de braços tatuats i ulleres de diputat del PDeCAT; passant pel surfista ros i afro amb camisa hawaiana de màniga llarga, i acabant per l’home de melena greixosa vestit amb una malla eròtica i pantalonet de futbol. Però la majoria d’assistents segueix una mateixa pauta: entre 25 i 35 anys -forçant la joventut-, estètica d’anunci d’Estrella Damm i actitud jovial però absolutament correcte. Bona part de les converses són en idiomes forans. Hi ha una cua de trenta festivalers esperant a deixar la bicicleta al pàrquing gratuït que el Primavera ha posat a la seva disposició. La gent s’atura als semàfors i ningú no crida gaire.

(Segueix llegint)

China, el amigo de todos en Oriente Medio

(Publicado en Esglobal)

arabiasaudichina

Hace varias semanas, el presidente chino Xi Jinping recibía al rey Salmán de Arabia Saudí en Pekín, para, unos días después, acoger al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, que viajó a China con un séquito de ministros y empresarios. La escena recordaba un poco a la dinastía Tang, en el siglo VIII d.C., cuando los musulmanes y pueblos asiáticos se paseaban, comerciaban e incluso participaban de la vida de la corte imperial, una de las más cosmopolitas de la historia. Hay relación entre ambos asuntos. Durante los Tang, China consolidó su poder en Asia gracias a la Ruta de la Seda, que -desde hace unos años- el presidente Xi quiere resucitar a escala global, creando infraestructuras y rutas comerciales con todos los países de Eurasia. La influencia china llega hasta Oriente Medio, zona esencial para Pekín, el mayor consumidor de petróleo del mundo. Allí, el Gobierno chino ha conseguido -a través de equilibrios diplomáticos, inversiones millonarias y poder blando– llevarse bien con países tan enfrentados como Israel, Irán, Palestina, Arabia Saudí, Turquía, Siria o Líbano. También se ha presentado como el negociador imparcial y neutral -que respeta la soberanía de los países, no como el halcón estadounidense- al que se puede acudir para mediar en conflictos como la guerra de Siria o el enfrentamiento árabe-israelí. Todo esto, sin llamar demasiado la atención sobre los problemas que Pekín tiene con parte de los musulmanes de su país, en especial los de etnia uigur. El romance chino con los países de Oriente Medio es idílico por ser ésta la región más turbulenta del mundo. Y, por ese motivo, no hay muchas esperanzas de que dure demasiado.

Las sonrisas, los apretones de mano, los acuerdos, los turbantes, las kipás y los trajes a medida del Partido Comunista chino también estuvieron de moda hace un año, cuando el presidente Xi hizo una gira estelar por Oriente Medio, de la que salió reforzado como el amigo de todos. Con su visita reciente Netanyahu ha conseguido fuertes acuerdos en tecnología (Israel es uno de los países punteros en este sector y China quiere mover su economía de manufactura hacia el capitalismo digital) y el rey saudí acuerdos petroquímicos que ascienden a los 65.000 millones de dólares (y una fábrica china de drones de guerra en su país). En enero de 2016, Xi se paseó por Irán y Arabia Saudí, las dos potencias enfrentadas de la zona, vendiéndoles millones de dólares en armas a ambos, sin que ninguno de los dos le pusiera mala cara. También se acercó a Egipto, donde gobierna el general Al Sisi, experto en reprimir revueltas ciudadanas y ligar el crecimiento económico a un fuerte autoritarismo, un asunto en el que los chinos son expertos reconocidos mundialmente…

(Sigue leyendo)

Troba un polític per Sant Jordi

(L’article original a Públic)

76de3e88b6455a9de660e78cf041790c

Veure polítics per Sant Jordi és molt més fàcil que veure escriptors. Els escriptors famosos són difícils de discernir, perquè estan rodejats de fans excitats. Estan reservats a les persones amb paciència, que fan cues llarguíssimes, o a les molt altes, que poden veure per sobre les masses. Els escriptors poc coneguts també són complicats de trobar. No estem acostumats a les seves cares, i hi ha grans probabilitats que els confonguem amb el llibreter o amb un pobre home que passava per allà. En canvi, els polítics són fàcils de identificar i ens hi podem apropar fàcilment, ja que ningú els hi fa massa cas. Estan una mica perduts: no saben si avui és un dia per fer proclames i enfadar-se, o un dia per fer veure que són normals, que a ells també els hi agrada comprar un llibre, passejar entre parades de flors i posar-se morenos amb el sol de les Rambles. Saben que han d’estar per allà, però no tenen gaire idea de què fer.

Malgrat el desconcert dels seus líders, els militants de cada partit treuen la seva paradeta amb puntualitat. Sembla que l’esquerra política, aquest any, s’ha agrupat al voltant de la parada de metro de Drassanes. Passegem una mica: veurem l’estand d’ERC, on hi ha els típics llibres independentistes i alguns d’història catalana. Sense arriscar-se massa, els líders del partit, Oriol Junqueras i Marta Rovira, han escombrat cap a casa i han recomanat -per Twitter- obres de Jaume Cabré i Carles Capdevila. Si seguim caminant arribem a l’espai de la CUP, on -sorprenentment- podem trobar des d’un assaig sobre les Panteres Negres fins a una anàlisi històrica sobre el Noucentisme. Però els més punkis han estat els del PSC, que -en un atac de genialitat absoluta- han posat en primera línia l’última novel·la de Pilar Rahola.

Al cap d’una estona veiem el primer polític del dia: Xavier Domènech, representant dels Comuns a Madrid. Ve abrigat amb un jersei de llana i una caçadora negra, malgrat el sol asfixiant del matí. Ja hem avisat que, per Sant Jordi, els polítics van una mica perduts. Els periodistes el rodegen. Dues senyores passen pel costat:

– ”Qui és aquest?”

– ”És el Domènech!”- contesta l’altra, excitadíssima, com si acabés d’encertar una pregunta del Trivial.

Amb tots els polítics passa igual: la gent els veu, endevina el nom i continua caminant, sense pensar-hi més. El senyor Domènech comença a parlar i, com faran la resta de polítics per Sant Jordi, assegura que els llibres son importantíssims. Cap polític, avui en dia, dirà que els llibres només són una mica importants. O que una cosa són els llibres i una altre la literatura. O que algunes novel·les serien bones com a paper de vàter. O que hi ha hagut dictadors que eren grandíssims lectors.

Sant Jordi és amor

Si pugem per les Rambles, admirarem en tot el seu esplendor la parafernàlia anual de llibres i roses. Fins que arribem a Plaça Catalunya, no veurem gaire presència política. Podrem dedicar-nos, llavors, a celebrar l’art de titular, i aplaudir exemples magnífics com Menshealth, el gran libro de los entrenamientos, España con dos cojones, Lidera tu vida y emprende tus sueños, Stop gordofobia o El castor estressat. D’altra banda, observarem que un percentatge menor de les roses en venda són vermelles. La majoria són roses blanques, blaves, mixtes, reduïdes, de cartró, comestibles, o de peluix. Algunes promouen el masoquisme, com la rosa-cactus, i d’altres arriben a paradigmes ètics, com les roses solidàries.

Mirarem cap a dalt, i gaudirem dels cartells que el nostre Ajuntament ha preparat per celebrar la festa dels catalans. El lema: ”Sant Jordi és amor”. A cada tros de tela apareix un parell de personatges ballant una mena de tango amb actitud passional. Podem veure per exemple, un cavaller o cavallera (no arriscarem en qüestions de gènere) refregant-se amb un lampista. O l’escollit per l’alcaldessa Colau com a portada del seu Twitter: un altre guerrer que, en aquest cas, dansa amb un cavall que té, en canvi d’ulls, cors dibuixats. Sabem que l’amor entre animals i humans s’anomena zoofília, però l’Ajuntament ens hauria de il·lustrar -davant d’un altre dibuix que mostra un pirata ballant amb un drac enamorat- sobre com cataloguem l’afecte eròtic entre bèsties fantàstiques i persones.

Tenim la prova que Sant Jordi és, en bona mesura, cursileria, a l’Avinguda del Portal del Àngel. Una llarga cua d’adolescents excitades espera l’autògraf d’un senyor italià que va vestit amb americana i una gorra texana. Es diu Federico Moccia, il·lustre creador de títols que podrien ser confosos amb cançons de bachata, com Tengo ganas de ti o Perdona si te llamo amor. Amb un somriure, rep cada noia que li porta un llibre, xerra una mica amb ella -alguna comença a fer saltironets d’alegria-, li fa dos petons i es fan una foto plegats. Les noies marxen contentíssimes i abraçades als seus llibres. Una d’elles defineix Moccia, cridant feliç a la orella del seu nòvio: ”És tan monooooo!”.

Els senyors monos que fan llibres (una cosa és ser escriptor i l’altre escriure llibres) tenen molt èxit, i també els senyors enfadats que fan llibres. A la mateixa Plaça Catalunya, una cua llarguíssima va fins a un estand on suposadament hi ha Risto Mejide, encara que -entre tanta gent- només es pot veure el cartell que l’anuncia. A poca distància, diversos mossos d’esquadra passegen per la plaça amb fusells gegants entre les mans. Sento dir a un parell de nois que, no massa lluny, està firmant llibres un youtuber famós.

Les roses són de dretes

Un cop arribem al Passeig de Gràcia, la fauna política torna a aparèixer. Els militants de Ciutadans han plantat una parada taronja llampant, on no hi ha llibres, però sí un munt de petites roses mixtes, de color groc, taronja i vermell. Inés Arrimadas, la líder del partit a Catalunya, elogia davant de periodistes i curiosos les bondats quasi divines dels llibres i les roses. Un fan de la diputada diu, mig decepcionat: ”Parece que hoy va a ser difícil hacerse un selfie con Inés”.

Si ens desviem per Rambla Catalunya, observem un estand llunyà, de color blau, amb el lema ”La Catalunya valenta”. Sota aquest eslògan, que podria servir per a qualsevol partit, veiem les sigles del Partido Popular. Si ens apropem, comencen a aparèixer els polos i la gomina. La parada està acompanyada per grans roses vermelles, i es regalen globus blaus. Es venen obres com El libro negro de la izquierda española, El libro negro de la independencia o Introducción a la prevención del delito. El líder badaloní, Xavier García Albiol, sobresurt amb els seus dos metres d’atura entre els militants i les àvies vestides de diumenge. No trobem Andrea Levy, una de les lectores més famoses de la política catalana. Sol aconsellar sobre llibres a Twitter, i avui ha estat -potser- l’única que s’ha atrevit a recomanar un clàssic, les cartes entre Henry Miller i Anaïs Nin.

Pujant pel carrer, de casualitat, ens trobem amb Patxi López, que resulta que està de campanya per Catalunya aprofitant la Diada. Està fent-se fotos amb alguns seguidors, però posa una cara seria i una mica estressada. Se’l nota perdut, com si no acabés de saber què està fent per aquí. Es veu que Pedro Sánchez també ronda per la ciutat per promoure la seva candidatura. Per la seva banda, Susana Díaz ha dit que no podia venir però estaria ”emocionalment” a Catalunya, malgrat no sapiguem gaire que vol dir això.

Rambla Catalunya a dalt, comencen a aparèixer les camises blanques, marca de la casa del Partit Demòcrata Català. Una senyora li diu a una altre: ”Aiii, espero que veiem al Mas!”. Les Joventuts Nacionalistes de Catalunya venen samarretes de ”Catalonia is not Spain” i alguns complements de folclorisme indepe. A l’estand del PDECat ressalten les biografies sobre Puigdemont i els llibres escrits per Puigdemont (costa diferenciar-los). Però la immensa majoria de la taula està dedicada a que la gent firmi el Pacte Nacional pel Referèndum. No para d’aparèixer gent per signar. Quan han acabat marxen contents, amb un globus groc de regal.

Catalunya i la URSS, més enllà del comunisme

(Escrit a Públic)

poum-copia

Què passaria si posem un anarquista de la CNT i un comunista pro-soviètic a la mateixa habitació, i a un d’ells li donem un fusell? La memòria col·lectiva té uns referents forts i, recordant els fets de maig de 1937, recordant l’Homenatge a Catalunya d’Orwell, bona part de les respostes a aquesta pregunta acabarien en un bany de sang. Però la història, com sol passar la majoria de cops, sol ser més complexa i té fets secundaris, menys coneguts, que la fan més interessant. Els relacionats amb la memòria catalana sobre la URSS –de 1917 fins al franquisme-, estan a La Revolució Russa i Catalunya, de Josep Puigsech.

Desembre de 1919. Divuit anys abans dels tirotejos a Plaça Catalunya, la CNT decideix sol·licitar l’adhesió a la III Internacional (Komintern), l’òrgan internacionalista promogut des de Moscou per estendre la revolució a nivell mundial. Els anarquistes han estat l’única força política a Catalunya que ha mirat amb bons ulls la revolta d’octubre de 1917. El caràcter anticapitalista de Lenin els sedueix, a la vegada que fa saltar les alarmes entre els sectors d’ordre i els conservadors de la Lliga. No és un any tranquil: s’ha produït una vaga general revolucionària a nivell estatal i el Govern ha dissolt l’Assemblea de Parlamentaris de Barcelona, de majoria catalanista.

Els republicans catalans tampoc veuen amb bons ulls la presa de poder bolxevic. Consideren com a legítim l’enderrocat govern liberal-democràtic de Kerenski i rebutgen el cop d’estat maximalista. Però el factor clau de la seva oposició és la Guerra Mundial que s’està lliurant a Europa: l’antibel·licisme dels revolucionaris, que exigeixen la retirada russa del conflicte, fa que els progressistes republicans vegin aquesta posició com un regal per a les Potències Centrals. Alguns, fins i tot, acusaran Lenin de ser un agent al servei alemany. El diari republicà El Diluvio el titllarà de ”dictador generalísimo”, ”germanófilo supercanalla” i ”limpiabotas del kaiser”.

(Seguir leyendo)